«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
26 de noviembre de 2022

¿Qué piensa hacer usted?

Banderas ondeando en una manifestación por la defensa de la unidad de España. Shutterstock
Banderas ondeando en una manifestación por la defensa de la unidad de España. Shutterstock

Hay una escena en la película «Los intocables» (Brian de Palma, 1987), en la que el célebre agente del Tesoro Eliot Ness entra en la casa de unos de sus hombres, un policía honrado de apellido Malone, que acaba de ser acribillado por uno de los sicarios de Al Capone. Malone, un irlandés duro que cuando fue reclutado por Ness accedió a regañadientes a usar la ley, y sólo la ley, para vencer a Capone, se desangra en el suelo. Herido de muerte, en su agonía, el policía agarra a Ness y le dirige un último reproche: «Dígame, ¿qué piensa hacer usted?».

La palabra esencial en toda esa frase es «usted». El policía moribundo no apela a las fuentes generales del ordenamiento jurídico, ni al sistema judicial, ni al orden constitucional; ni siquiera al principio de proporcionalidad en el Derecho Penal sustantivo. Malone ha cumplido con lo que se le pidió, con un resultado fatal, y ahora, con el último aliento, interpela a la responsabilidad personal de Ness. ¿Qué piensa hacer usted?

Ayer, de madrugada, con nocturnidad, el Estado de Derecho fue acribillado por una mayoría parlamentaria sanchezsteniana que aprobó una tramitación exprés legislativa para que nuestro Código Penal renuncie a castigar a aquellos sediciosos que atenten contra la indisoluble unidad de España, que sólo es —sólo—, el fundamento de nuestro ordenamiento constitucional. Sin la unidad de España, patria común e indivisible de todos los españoles, heredada del sacrificio de decenas de generaciones que construyeron con esfuerzo generoso una realidad nacional a partir de un Estado unitario, no hay nada.

Jamás en la Historia de España se había atrevido a tanto ninguna mayoría parlamentaria (187 sicarios), y jamás ningún Gobierno —y los hemos tenido infames— había aceptado dinamitar los cimientos de la nación por exigencia de los enemigos declarados de España. Unos enemigos que si están en el Congreso es por las debilidades de nuestro sistema que no ha querido entender que la sede de la soberanía nacional sólo puede ser eso, nacional. Por cierto que la izquierda lleva un tiempo ocupada en una de sus aficiones favoritas, la perversión del lenguaje, y usa la idea falsa de que el Parlamento es la sede de la «soberanía popular». No lo consintamos. No cedamos en el lenguaje, que es lo que modula nuestro pensamiento, o estaremos perdidos.

Volvamos a la base de este editorial. Back to basics. Ayer, pasada la medianoche, con la agravante de nocturnidad, los 120 diputados del PSOE, juntos y sin fisuras (no podíamos esperar otra cosa a las puertas de un año electoral en el que se juegan la poltrona), se unieron a los partidos filoterroristas y golpistas que están al mando de la derogación del delito de sedición y acordaron por mayoría simple que es urgente acelerar el proceso de desconstrucción y ruptura de la nación española. De una nación que está en el suelo, acribillada, y que en su agonía nos puede agarrar a cada uno de nosotros y pedirnos explicaciones sobre qué estamos dispuestos a hacer.

Habrá muchos, educados en el pesimismo, la apatía o la tibieza, que nada. A los demás, a los irreductibles, a los patriotas y a los que sabemos que tenemos la obligación personal e intransferible de dar la batalla cultural y política y manifestarnos por España contra este Gobierno de la traición y la ruina, nos convoca Vox este domingo, a las 12, en la Plaza de Colón y frente a todos los ayuntamientos de capital de provincia de España.

Y ahora, dígame: ¿qué piensa hacer usted?

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