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EDITORIAL
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20 de mayo de 2024

Sánchez no es España

Pedro Sánchez y Begoña Gómez. Europa Press.
Pedro Sánchez y Begoña Gómez. Europa Press

Este fin de semana se ha celebrado en Madrid Europa Viva 24, la convención política de VOX que ha congregado a los principales líderes patriotas europeos y americanos. De Le Pen a Milei, el partido de Santiago Abascal ha cumplido —otra vez— aquel viejo anhelo de reunir a todo el que se opone al socialismo. «La casa común de la derecha» no está en Génova, sino en Bambú.

En Vistalegre se han dado cita, junto a miles de españoles, Giorgia Meloni, Viktor Orbán, André Ventura, José Antonio Kast, Amichai Chikli o Mateusz Morawiecki, además de la favorita para ser próxima presidente de Francia y el Jefe de Estado de la República Argentina. Cada uno con sus circunstancias, todos con la voluntad de enfrentar ese ataque implacable e incesante contra la gente corriente al que llamamos globalismo.

En su discurso, de marcado carácter económico, casi académico por momentos, Javier Milei hizo una brevísima referencia a la «calaña de gente atornillada al poder. Aún cuando tenga la mujer corrupta, se ensucia y se toma cinco días para pensarlo».

Tras el comentario del mandatario argentino, Pedro Sánchez se dio por aludido y no tardó en hacer comparecer en domingo al ministro de Exteriores, José Manuel Albares, para anunciar la llamada a consultas «sine die» de nuestra embajadora en Buenos Aires, forzando así una crisis diplomática con una nación hermana, por una cuestión meramente personal y un afán demasiado obvio de intentar marcar la agenda.

En su comparecencia, Albares, más como ministro de Sánchez que del Gobierno de la nación, se afanó en denunciar que Milei, con sus palabras, ha propinado un ataque «a la democracia y a España», como si Pedro fuese la democracia. Como si Sánchez fuese España. Como si el nombre de Begoña Gómez, que siquiera ostenta un cargo público, aunque haya tratado de detentar el de primera dama, fuese innombrable, irrecordable, por ser esposa de Pedro Sánchez. Para el servil Albares, esposa de la democracia y de España.

Pedro Sánchez no es la democracia ni muchísimo menos es España. Tampoco Begoña Gómez goza de ninguna suerte de inmunidad por vía conyugal. Es un signo de alerta tener que decirlo de manera literal. Un síntoma de que nos deslizamos por la pendiente resbaladiza de la autocracia, casi tanto como que los más que dudosos actos de la esposa del presidente del Gobierno no puedan ser puestos en duda, siquiera investigados por un juez sin una sobreactuada e implacable campaña gubernamental y mediática.

Resulta cuando menos paradigmática la repentina preocupación por las instituciones españolas de alguien que no ha tenido el más mínimo reparo en pactar con los herederos de ETA y con prófugos de la Justicia para alargar su estancia en La Moncloa. Tanto como llaman la atención los desvelos por «combatir» las fake news de quien dijo que jamás pactaría con Bildu, prometió que no habría amnistía o nos encerró en casa de manera ilegal siguiendo las directrices de un comité de expertos que nunca existió.

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