Miguel Ángel Blanco: Un asesinato a cámara lenta

Seis millones de personas salieron a la calle por Miguel Ángel y para decir ‘No’ y ‘Basta ya’ a los asesinos. Nacía el ‘Espíritu de Ermua’.


Han pasado dos décadas de “un asesinato a cámara lenta”. 48 horas en las que España contuvo la respiración y estalló en llanto y rabia con el secuestro y posterior asesinato del concejal en Ermua (Vizcaya) del PP Miguel Ángel Blanco. La organización terrorista de ultraizquierda ETA colmó el nivel de hartazgo de la sociedad española con una venganza cruel tras el gran fracaso que había significado para ellos el éxito del Estado de Derecho en la liberación del exfuncionario de prisiones José Antonio Ortega Lara.
“Mamá, si a mí me pasara algo así, yo prefería que me mataran”, comentó Miguel Ángel, en vísperas de su secuestro, ante las fotografías de prensa que mostraban a un José Antonio desorientado y con la mirada perdida.
Su martirio se inició el viernes 10 de junio en la estación guipuzcoana de Eibar. ETA le había secuestrado.
El Gobierno convocó una reunión de urgencia en La Moncloa con los responsables de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Ahí llegó la noticia de que el diario Egin había recibido una llamada en nombre de la banda terrorista reivindicando el secuestro. Imponían un plazo de 48 horas al Gobierno de España para que trasladara al País Vasco a los presos de ETA. Si no, le mataríanETA quería negociar por mi hermano pero se hizo lo que se tenía que hacer: mantener la firmeza y la dignidad de España y de la democracia”, declara Marimar Blanco, hermana del edil.

Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado se movilizaron sin descanso y a contrarreloj. “Había que encontrarlo, era una lotería, pero era que lo que teníamos que hacer, era la misión y había que forzar la máquina”, señala un agente de Policía que buscó al igual que decenas de compañeros al concejal en unas horas “esquizofrénicas” en las que nunca se perdió la esperanza.
La agonía de Miguel Ángel desencadenó grandes muestras de solidaridad con él y con su familia. El Papa Juan Pablo II, por ejemplo, se sumó al clamor popular por su liberación.
Casi una hora después de agotarse el plazo del ultimátum planteado al Gobierno por la banda terrorista, el sábado 12 de julio a las 16:50 horas, ETA cumplió su palabra. En un descampado de Lasarte (Guipúzcoa), el sanguinario Francisco Javier García Gaztelu descerrajó dos disparos en la cabeza del edil, que fue forzado a ponerse de rodillas con las manos atadas con un cable.
Miguel Ángel fue encontrado poco después tumbado boca abajo gravemente herido pero con un hilo de vida. Tras ser asistido en el descampado, fue trasladado al Hospital Nuestra Señora de Aránzazu de San Sebastián en un estado de “coma neurológico profundo”. Falleció en la madrugada del 13 de julio.
Ese día las concentraciones en los principales municipios vascos y en el resto de España volvieron a ser multitudinarias. Unos seis millones de personas salieron a la calle por Miguel Ángel con las manos blancas y para decir ‘No’ y ‘Basta ya’ a los asesinos en más de 1.500 convocatorias improvisadas. En el País Vasco, numerosas personas se lanzaron a atacar las sedes de Herri Batasuna al grito de “¡Asesinos, sin pistolas no sois nada!” y los Ertzaintzas se descubrieron como símbolo de valentía ante el terror. Nacía el ‘Espíritu de Ermua’.
Veinte años después, España sigue estremeciéndose. ¿Se venció al terrorismo? “Desde su asesinato la política antiterrorista que hicimos estaba presidida por la determinación. Después, con la llegada del PSOE al poder, cambió y se asentó en una negociación para hacer creer que ETA, por un lado, y Bildu o Sortu, por otro, eran dos realidades enfrentadas. Actualmente el proyecto político de ruptura de la banda terrorista sigue presente”, lamenta Jaime Mayor Oreja, ministro del Interior en aquellos trágicos días.
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