El ex ministro de Transportes, José Luis Ábalos, ha recibido desde la prisión de Soto del Real la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero como una confirmación de las sospechas que, según su entorno, venía deslizando desde hace tiempo en privado. El antiguo hombre fuerte de Pedro Sánchez atribuye al expresidente socialista un papel clave en la red de poder que, a su juicio, habría influido en su caída política y judicial.
Desde el centro penitenciario, donde permanece en situación provisional, Ábalos ha trasladado a personas cercanas una lectura demoledora de la situación: si Zapatero termina arrastrado por el procedimiento judicial, el golpe no afectaría sólo al expresidente, sino al conjunto del proyecto político construido en torno a Sánchez. Según ha resumido ante su entorno y ha avanzado El Mundo, «si cae Zapatero, cae todo» y, después del actual presidente del Gobierno, no habría una estructura sólida capaz de sostener el edificio político del sanchismo.
La imputación de Zapatero en el marco de la investigación que instruye el juez José Luis Calama ha provocado reacciones muy distintas dentro del socialismo. Mientras algunos antiguos colaboradores del expresidente se muestran sorprendidos por el contenido del auto, Ábalos no oculta que el desenlace no le resulta inesperado. Desde hace dos años, según fuentes próximas al exministro, venía apuntando sin pruebas concluyentes, pero con insistencia, a la existencia de intereses ligados a los denominados «cupos de petróleo» de Venezuela.
El auto judicial no se limita a examinar los pagos procedentes de Análisis Relevante, la sociedad vinculada a Julio Martínez Martínez, amigo íntimo de Zapatero. Lo que más ha desconcertado a personas próximas al expresidente es que la resolución aluda también a su presunta «intervención directa» en una estructura relacionada con operaciones de compraventa de petróleo, divisas, acciones y oro. Ese extremo ha causado sorpresa entre viejos dirigentes socialistas que aseguran no reconocer a Zapatero en ese perfil económico.
Uno de los políticos más cercanos al expresidente se muestra incrédulo ante esa posibilidad y sostiene que Zapatero no tendría la capacidad patrimonial que algunos le atribuyen. En esa misma línea, un exministro de su Gobierno afirma que, por el conocimiento personal que tiene de él, duda de que actuara de forma consciente en una operación delictiva. Según esa versión, Julio Martínez, conocido como «Julito», podría haberlo utilizado, aunque el propio exministro admite que todo deberá aclararse en sede judicial.
Ese antiguo colaborador recuerda además que Zapatero no tendría empresas relevantes ni el patrimonio inmobiliario que se le ha atribuido en algunas informaciones. Asegura que vendió su vivienda de Aravaca por el peso de la hipoteca y que tanto él como su esposa, Sonsoles Espinosa, se trasladaron después a una casa más pequeña. Para quienes mantienen esa tesis, la imagen de un Zapatero implicado de forma consciente en grandes operaciones financieras resulta difícil de encajar.
Ábalos, sin embargo, maneja una interpretación opuesta. En las últimas horas ha señalado ante su círculo que «la mano negra de Zapatero» habría estado siempre detrás de su pérdida de poder. Según su versión, el expresidente leonés se consideró durante años intocable por su influencia sobre Pedro Sánchez y por su capacidad para moverse en Iberoamérica. Ahora, sostiene el exministro, esa sensación de inmunidad se habría quebrado.
La relación entre ambos dirigentes nunca llegó a estallar públicamente en una guerra abierta, pero la desconfianza fue creciendo con el paso del tiempo. El punto de inflexión se sitúa en enero de 2020, con el llamado Delcygate. A partir de aquel episodio, Ábalos y Zapatero comenzaron a observarse con más recelo, especialmente por el peso que cada uno buscaba ejercer en los canales de interlocución entre España y Venezuela.
El choque venía de antes. En 2019, Ábalos empezó a entrar en un terreno que Zapatero conocía muy bien: las relaciones políticas con Iberoamérica y, en particular, con el chavismo. Primero mantuvo contactos con representantes de Juan Guaidó, al que el Gobierno español reconocía entonces como presidente encargado de Venezuela, y después abrió vías de comunicación con Jorge Rodríguez, hermano de Delcy Rodríguez, para establecer un canal con el régimen de Nicolás Maduro.
Poco después llegó el episodio de Barajas. Cuando Delcy Rodríguez aterrizó en España en enero de 2020, pese a tener prohibida la entrada en territorio de la Unión Europea, aseguró a Ábalos que tenía una consulta médica y una comida con su amigo Zapatero. Dos semanas más tarde, Maduro y la propia Delcy recibieron al expresidente socialista en el Palacio de Miraflores, una imagen que alimentó todavía más las sospechas y los equilibrios internos dentro del PSOE.
La cercanía entre Zapatero y Delcy Rodríguez quedó reflejada también en mensajes publicados posteriormente. En una conversación con Ábalos, el expresidente llegó a referirse a la dirigente venezolana como su amiga, después de que Ignacio Garriga, diputado y secretario general de VOX, los atacara desde la tribuna del Congreso. Aquellos mensajes mostraban una relación política y personal mucho más fluida de lo que se había reconocido públicamente.
Pese a ese vínculo, Zapatero se desvinculó de manera tajante del Delcygate y dejó que el peso del escándalo recayera sobre Ábalos. Ese gesto marcó profundamente al exministro, que ahora interpreta su caída como parte de una operación más amplia. Según ha trasladado a su hijo Víctor Ábalos, fueron primero a por Koldo García y después a por él para alcanzar piezas de mayor nivel político. En su opinión, el objetivo último sería Pedro Sánchez, mientras que Zapatero sería una de las grandes piezas deseadas por sus adversarios.