El Ministerio del Interior no ha actualizado el protocolo policial de actuación con menores extranjeros no acompañados (menas) desde 2017, cuando la cifra de llegadas era muy inferior a la actual. Así lo ha revelado La Razón, que recoge el malestar de agentes y sindicatos policiales ante la falta de medidas frente a un fenómeno que se ha disparado bajo el Gobierno de Pedro Sánchez.
El marco vigente fue aprobado por la Secretaría de Estado de Seguridad hace ocho años, cuando en España se registraron 6.414 menores, frente a los 3.997 del año anterior. Hoy, según los últimos datos de agosto de 2025, hay 18.967 menores y jóvenes extutelados, lo que supone un incremento del 140% desde 2021.
A pesar de esta avalancha, Interior no ha modificado ni una sola instrucción. Como señala La Razón, el procedimiento actual puede prolongarse durante horas y deja importantes dudas sobre la procedencia y la edad real de los inmigrantes. Cuando la minoría de edad no es clara, la Brigada de Extranjería debe realizar reseñas fotográficas y decadactilares y solicitar pruebas médicas autorizadas por la Fiscalía, lo que ralentiza el proceso y genera inseguridad jurídica.
Fuentes policiales consultadas por La Razón advierten de que «los protocolos no responden ya a la realidad social ni a los retos de seguridad que afronta España». El sindicato Jupol denuncia además la «falta total de acción» del Ejecutivo, que presume de proteger a los menores, pero se limita a un discurso vacío sin actualizar las herramientas legales.
La ausencia de reformas provoca un triple efecto: desprotege a los propios menores, expone a la ciudadanía a mayores riesgos de inseguridad y deja a los agentes sin respaldo claro en su actuación. Por ello, desde distintos sectores se reclama una reforma de la Ley del Menor y la firma de acuerdos de readmisión automática con los países de origen y tránsito de la inmigración irregular.
Mientras tanto, el Ejecutivo de Sánchez y Grande-Marlaska continúa exhibiendo un discurso «humanitario» que no se traduce en ninguna medida real, perpetuando un protocolo obsoleto frente al crecimiento imparable del fenómeno de los menas.