«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
El fuego ya ha arrasado cerca de 32.000 hectáreas en Guadalajara

Agricultores y ganaderos desmienten el relato del «cambio climático» y los incendios: «Si el monte estuviera cuidado y desbrozado, esto no pasaría»

Extensión forestal quemada por el incendio. Europa Press

Un agricultor y ganadero del municipio de Ujados ha sido claro al sintetizar con una frase lo que siente buena parte del sector primario tras el devastador incendio de La Mierla (Guadalajara): «Puede haber cambio climático, pero si el monte estuviera cuidado y desbrozado, esto no pasaría». Mientras el fuego ya ha arrasado cerca de 32.000 hectáreas y ha vuelto a poner sobre la mesa el debate sobre las causas de los grandes incendios forestales, quienes viven del campo sostienen que el verdadero problema reside en décadas de abandono de los montes y en las dificultades para realizar labores preventivas.

David Santos, agricultor y ganadero de la comarca, asegura a Abc que las consecuencias del incendio son devastadoras para su explotación. Las llamas han consumido prácticamente toda la superficie donde pastaba su rebaño, obligándole a mantener a los animales estabulados y alimentarlos con las reservas de forraje. La situación, explica, es todavía más complicada porque buena parte de los rastrojos de cereal aún no pueden aprovecharse para el pastoreo al no haber concluido la cosecha en numerosas parcelas.

Sin embargo, más allá de las pérdidas económicas inmediatas, Santos insiste en que el incendio vuelve a evidenciar un problema estructural. Denuncia que la vegetación se acumula durante años porque las administraciones apenas ejecutan trabajos de limpieza y, además, imponen numerosas restricciones a los propietarios que intentan mantener sus terrenos. Según relata, actuaciones tan sencillas como eliminar zarzas o desbrozar determinadas zonas requieren autorizaciones administrativas que, en muchas ocasiones, terminan siendo denegadas.

A su juicio, esa acumulación de matorral, estepas, espinos y maleza convierte los montes en un enorme depósito de combustible listo para arder cuando se produce cualquier chispa. Además, el avance de esa vegetación también reduce la superficie disponible para el ganado. «La oveja cada vez tiene menos terreno porque todo acaba cubierto de broza. Cuando desaparece el pastoreo, el monte termina convirtiéndose en una selva», resume.

El agricultor pone como ejemplo una experiencia reciente para respaldar sus argumentos. El pasado año se llevó a cabo un desbroce puntual en una parte de su explotación con el objetivo de facilitar el acceso del ganado a los pastos. Precisamente esa franja fue una de las pocas zonas donde el incendio logró detener su avance. Para Santos, esa circunstancia demuestra que una gestión forestal más intensa habría reducido considerablemente la superficie afectada por el fuego.

Una opinión similar mantiene el doctor en Medio Ambiente, ingeniero forestal y licenciado en Ciencias Ambientales Enrique García. El experto explica que el aumento de la masa forestal, unido a la reducción del pastoreo, de la extracción de leña y al progresivo abandono del medio rural, ha provocado una acumulación constante de combustible vegetal. En su opinión, estas circunstancias hacen que incendios de gran magnitud sean cada vez más previsibles cuando coinciden altas temperaturas, sequía y viento.

Las críticas también alcanzan al estado de muchos cortafuegos. Santos considera que numerosas franjas de seguridad han perdido su utilidad porque la vegetación ha vuelto a ocuparlas hasta presentar una densidad similar a la del propio bosque. Mantener esas áreas despejadas, sostiene, debería convertirse en una prioridad si se pretende limitar la velocidad de propagación de incendios como el registrado en la Sierra Norte de Guadalajara.

Mientras tanto, el Gobierno centra buena parte de su discurso en la influencia del «cambio climático». Durante su visita al puesto de mando avanzado instalado en Tamajón, el presidente Pedro Sánchez anunció una nueva línea de ayudas dotada con 300 millones de euros destinada a pymes y startups que desarrollen soluciones frente al cambio climático. Además, defendió la necesidad de impulsar un gran pacto de Estado sobre la emergencia climática, reforzando tanto la prevención como la concienciación ciudadana y garantizando recursos estables durante todo el año.

Santos no niega que el incremento de las temperaturas o las olas de calor puedan favorecer incendios más intensos, pero considera que limitar el debate únicamente a ese factor supone ignorar el estado en el que se encuentran muchos montes españoles. En su opinión, si existiera una gestión forestal adecuada, con cortafuegos mantenidos y labores periódicas de limpieza, los incendios seguirían produciéndose, pero su capacidad destructiva sería mucho menor. «Podrían quemarse unas pocas centenas de hectáreas, no decenas de miles», afirma.

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