LA GACETA ha captado en imágenes un dispositivo de cobertura móvil instalado a la puerta del CETI de Ceuta. Según fuentes del propio centro consultadas por este medio, la unidad no está pensada sólo para los casi 1.000 internos —más de la mitad de origen marroquí—, sino para un radio que alcanza hasta el asentamiento de la playa del Trampolín. El alquiler de este equipo ronda los 10.000 euros mensuales, según las mismas fuentes.
Se trata de una estación base compacta sobre remolque, del tipo que en España se ha empleado para reforzar aforo en fiestas patronales, el Orgullo de Madrid o el Gran Premio de MotoGP en Alcañiz. Incorpora un mástil telescópico de hasta 20 metros, un contenedor de unos 9-10 pies con patas estabilizadoras, grupo electrógeno autónomo y climatización para la electrónica. El conjunto no supera los 3.500 kilos, de modo que se remolca sin transporte especial y está diseñado para quedar operativo en 24 horas. En zona urbana el radio habitual es de 1 a 3 kilómetros. El CETI está en alto y esa altura, dicen las mismas fuentes, puede llevar la señal hasta Benítez y la desaladora, donde también se concentran cientos de invasores.
El relato interno es que la red debería servir a los internos del centro. En la práctica, la clave para conectarse al dispositivo ya circula entre «la práctica totalidad» de quienes están a 1-3 kilómetros. Quien duerme en una de las 1.250 tiendas del Trampolín puede conectarse igual que quien tiene plaza en el recinto.
Trabajadores del centro aseguran a LA GACETA que empiezan a notar molestias que atribuyen a la radiación de una unidad de estas características: dolores de cabeza, mareos, etc. A los mismos consultados les sorprende que para mejorar las condiciones de trabajo nunca haya dinero, pero sí exista presupuesto para una estación que se despliega en un día, aguanta rachas de 120 kilómetros por hora y da cobertura de internet a quienes cada día ocupan la playa del Trampolín y sus cercanías.
El CETI de Ceuta arrastra desde finales de julio una ocupación que el Gobierno presupuestó, de hecho, hasta el umbral de las 1.000 plazas. La unidad móvil llega cuando ese umbral está tocado y cuando la playa de el Trampolín ya funciona como si se tratase de un segundo centro.