«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.

Lo sajón como lo anglo

8 de septiembre de 2026

El mensaje de un amigo entrada la noche del domingo era prometedor:

–Lomo de Sajonia, Paco, lomito de Sajonia…

A esa hora, cuando ya estaba claro que la AfD arrasaba en el estado alemán, las mentes más buenas y doctas (sin que se pueda determinar nunca si son más una cosa o la otra) se mesaban críticamente los cabellos. Personas tan comprometidas con la democracia que no pueden tolerar lo que vota la gente.

Claro, es que votan a AfD –podrían decir– ¿te gustaría a ti, plumilla faccioso, que votaran a Bildu, por poner un ejemplo?

Pero la AfD, ¿qué es? Un poco de liberalismo o quizás libertarismo (desregulación y libertad de expresión), otro poco de seguridad, otro poco de recuperación energética y (lo principal) frontera y soberanía. Deportar a los malos, evitar la sharía. No imponer la raza aria sino conservar la alemanidad.

Vamos, un programa de mínimos.

Quizás la AfD tenga alguna peculiaridad o matiz de tipo geopolítico en lo tocante a la guerra de Ucrania, pero ya está. Su gran peculiaridad es ser alemana. En Alemania, por razones obvias, se produce el miedo. Allí están las fábricas de miedo que se reparte a toda Europa. El neofascismo que siempre llega tendría que venir de allí… pero lo trae una lesbiana casada con una señora no blanca.

Lo chocante del triunfo sajón de la AfD es que gana en todos los grupos por sexo, edad, y formación. Es inapelable e impepinable. Por supuesto, los ancianos votan mucho a la CDU, pero aun así se imponía la AfD, también entre las mujeres; mucho entre obreros, pero también entre titulados…

¿Están locos los alemanes? ¿Han perdido el oremus? Tengamos en cuenta que ya ‘enloquecieron’ antes los estadounidenses, dos veces (o tres). Cada poco hay que lanzar la pregunta: ¿son los oyentes de la COPE y Onda Cero las únicas personas sensatas en el Hemisferio Norte?

El núcleo de Europa ya es una derecha distinta. De norte a sur, o gobierna o es candidata a gobernar una fuerza que no es esa mezcla de cansado rictus democristiano y callado globalismo loco (no europepera, por entendernos) desde Holanda, Bélgica a Italia pasando por Francia, Austria, Alemania, Suiza, Chequia, hasta Eslovaquia.. Esto sería el centro continental, pero en las ‘periferias’ el terremoto llega igualmente. En los países nórdicos, influye (Noruega, Suecia, Finlandia) y obliga a la socialdemocracia a cambiar (Dinamarca); en el Este, lucha a brazo partido contra la desestabilización institucional de la Unión Europea en Polonia, Hungría y Rumanía y en la Península Ibérica (Chega y Vox) se consolida como tercera fuerza. Empezamos con lo sajón, pero no olvidemos lo anglo: Trump refunda la derecha americana y en el Reino Unido se proyecta Farage.

Y todas estas fuerzas, alrededor de ideas muy claras (familia y supervivencia demográfica, frontera y soberanía, una cierta libertad, energía y seguridad), ideas que aspiran a ser un sentido común, luchan una guerra civil nacional y ‘hemisférica’ contra el globalismo borranaciones,  la desindustrialización ecochina y la izquierda de wokes sucesivos, otro Occidente que no se cierra en Israel sino que se abre desde la fuga financiera a las masas poblacionales del Sur Global.

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