Las comadronas de Tarragona advierten de las graves consecuencias físicas, sexuales y psicológicas de esta práctica
Alerta en Cataluña: 6.000 niñas están en riesgo potencial de sufrir mutilación genital femenina
Alerta en Cataluña: 6.000 niñas están en riesgo potencial de sufrir mutilación genital femenina
Mutilación Genital Femenina. Europa Press.
Por LGI
4 de septiembre de 2026

Alrededor de 6.000 niñas de entre cero y 14 años residentes en Cataluña se encuentran en riesgo potencial de sufrir mutilación genital femenina, según ha alertado el Colegio Oficial de Enfermeras y Enfermeros de Tarragona (CODITA), que reclama reforzar la prevención frente a una práctica que constituye una grave vulneración de los derechos humanos y de la integridad de las menores.

Las comadronas tarraconenses han advertido de que la mutilación genital femenina comprende aquellos procedimientos que implican la extirpación parcial o total de los genitales externos femeninos o cualquier otra lesión realizada por motivos no médicos. El dato de las 6.000 menores no significa que todas vayan a ser sometidas a esta práctica, sino que han sido identificadas dentro de una población considerada potencialmente expuesta al riesgo, según recoge 20 minutos.

El colectivo sanitario insiste en que la prevención resulta fundamental porque muchas mujeres que ya han sufrido una mutilación desconocen incluso la magnitud de las consecuencias que puede tener durante el resto de sus vidas.

Hemorragias, infecciones e incluso riesgo de muerte

Las consecuencias inmediatas pueden incluir dolor intenso, hemorragias graves, infecciones, retención urinaria y lesiones en los tejidos próximos a los genitales. En los casos más graves, las complicaciones pueden desembocar en sepsis e incluso provocar la muerte.

Los problemas tampoco terminan después de cicatrizar las heridas. Las mujeres sometidas a esta práctica pueden afrontar años después embarazos y partos más complicados y prolongados, con un incremento del riesgo tanto para la madre como para el bebé.

CODITA advierte igualmente de las consecuencias sobre la vida sexual de las víctimas. Entre ellas figuran la reducción o desaparición del deseo sexual, dolor durante las relaciones y dificultades o imposibilidad para alcanzar el orgasmo.

Se trata, por tanto, de una intervención sin finalidad médica que puede dejar secuelas físicas permanentes y afectar a algunas de las funciones más íntimas del organismo femenino.

Graves consecuencias psicológicas

A las lesiones físicas se suma un impacto psicológico que puede prolongarse durante décadas. Las víctimas pueden desarrollar ansiedad, depresión, trastorno de estrés postraumático, baja autoestima y alteraciones de la imagen corporal, además de sentimientos de vergüenza, humillación o culpa.

Las comadronas reclaman por ello que el problema no sea tratado únicamente desde el punto de vista sanitario. La prevención exige también identificar a las menores en situación de vulnerabilidad, trabajar con las familias y garantizar mecanismos de protección antes de que pueda producirse la mutilación.

«Erradicar la mutilación genital femenina no es sólo una cuestión sanitaria; es una cuestión de derechos humanos, de igualdad y de protección de la infancia», ha defendido el Colegio Oficial de Enfermeras y Enfermeros de Tarragona. «Las comadronas estamos al lado de las mujeres para informar, acompañar, prevenir y contribuir a poner fin a esta forma de violencia», añade la organización.

Una práctica que sigue amenazando a menores en Cataluña

La advertencia de CODITA vuelve a poner el foco sobre un fenómeno que puede parecer lejano geográficamente pero que también obliga a activar mecanismos de prevención dentro de España.

El dato resulta especialmente significativo por la edad de las potenciales víctimas: las aproximadamente 6.000 niñas identificadas se encuentran entre el nacimiento y los 14 años, por lo que cualquier actuación debe plantearse desde la protección de la infancia y con especial vigilancia ante situaciones que puedan elevar el riesgo.

Las profesionales sanitarias desempeñan un papel especialmente importante porque pueden detectar antecedentes familiares, atender a mujeres que ya han sufrido una mutilación y advertir situaciones potencialmente peligrosas para sus hijas.

El objetivo, subrayan desde CODITA, debe ser impedir que una nueva generación de niñas sufra una práctica capaz de producir lesiones irreversibles, problemas reproductivos, daños psicológicos y complicaciones potencialmente mortales.

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