
Pedro Sánchez no levanta cabeza. Ni en el terreno político, con las cuentas públicas aún bloqueadas y sus reproches constantes a la judicatura por supuestamente actuar contra su familia, ni tampoco en la televisión, donde su presencia en horario estelar volvió a quedar eclipsada.
El presidente eligió TVE para conceder su primera entrevista a un medio nacional en más de un año. Pepa Bueno fue la encargada de sentarse con él en el Telediario de La 1, en un intento de marcar agenda tras el parón veraniego. Sin embargo, las cifras de audiencia reflejaron que el interés fue limitado: apenas 1.381.000 espectadores de media y un 13,2% de cuota de pantalla, muy por debajo de lo esperado.
Mientras tanto, Antena 3 vivía la cara opuesta. El Hormiguero, dirigido por Pablo Motos, inauguró temporada con el mejor arranque de su historia. La visita de Bertín Osborne, reforzada por la aparición sorpresa de Sergio Ramos, disparó el programa hasta los 2.347.000 espectadores de media y un 21,1% de share, alcanzando además el minuto de oro del día.
El contraste fue demoledor: el espacio de entretenimiento superó a sus competidores directos por márgenes de 13,8 y 9,8 puntos, consolidándose otra vez como la apuesta más fuerte del prime time televisivo en España.
La propia Moncloa llevaba tiempo viendo en El Hormiguero una piedra en el zapato en términos de imagen pública, y lo consideraba ya durante la llamada operación La revuelta. Sin embargo, lo ocurrido este lunes confirmó que el rival a batir para el presidente no son sólo las urnas, sino también la imbatible fórmula televisiva de Pablo Motos.