En el Hospital Militar de Ceuta ya hay 88 cadáveres que permanecen a la espera de una solución definitiva después de que las instalaciones forenses de la ciudad hayan quedado desbordadas. La imposibilidad de repatriar buena parte de los cuerpos, unida a las dificultades para identificarlos y localizar a sus familiares, ha obligado a habilitar medios extraordinarios para conservarlos mientras las autoridades deciden qué hacer con ellos.
La acumulación no comenzó de golpe. Según avanza OkDiario, durante las semanas anteriores al 30 de julio ya se estaban recuperando cadáveres en el entorno marítimo de Ceuta. Algunas jornadas aparecía uno, otras dos y en determinados momentos llegaron a localizarse hasta cuatro cuerpos en un solo día. La llegada masiva de inmigrantes de finales de julio terminó por agravar un problema que ya estaba poniendo bajo presión a los servicios forenses.
La situación alcanzó entonces un punto crítico hasta contabilizarse 88 cadáveres gestionados en la ciudad. La capacidad habitual resultó insuficiente y las autoridades tuvieron que recurrir al Hospital Militar, que actualmente no presta actividad hospitalaria ordinaria. Sus dos cámaras frigoríficas fueron destinadas a albergar los cuerpos mientras se buscaban alternativas capaces de absorber semejante volumen.
Durante los primeros días, siempre según las fuentes consultadas, se recurrió incluso a soluciones improvisadas. Algunos cuerpos fueron colocados en literas y se utilizaron aparatos portátiles de refrigeración, conocidos como pingüinos, para tratar de mantener una temperatura suficientemente baja y ralentizar el proceso de descomposición. Posteriormente fue necesario instalar una tercera cámara frigorífica provisional en el exterior del recinto militar, destinada tanto a la conservación como a facilitar las labores de identificación y examen forense.
La emergencia también obligó a desplazar hasta Ceuta a médicos forenses procedentes de diferentes puntos de España para reforzar las autopsias, identificaciones y demás actuaciones. La cámara adicional terminó siendo habilitada por la Consejería de Sanidad, aunque el Ministerio de Justicia se habría comprometido a asumir su coste. Según las informaciones disponibles, esa aportación económica todavía no se habría materializado.
El principal problema aparece ahora una vez superada la primera fase de recuperación y análisis de los cadáveres. Una parte continúa sin identificar y, en otros casos, aunque pueda establecerse su identidad, resulta necesario localizar a sus familiares y determinar quién se hace cargo de la repatriación. Las fuentes apuntan a que Marruecos no estaría aceptando una devolución colectiva de los cuerpos, por lo que la alternativa para aquellos que finalmente no puedan regresar a sus países de origen pasa por su enterramiento en Ceuta.
Las primeras estimaciones, todavía pendientes de confirmación mediante los informes forenses definitivos, apuntan a que entre un 20% y un 25% de los fallecidos podrían proceder del África subsahariana. Su procedencia, sin embargo, no permite establecer automáticamente su religión. Las autoridades deberán determinar individualmente el destino de los restos y, siempre que sea posible, atender a la identificación, las circunstancias personales y la voluntad de las familias. Para los fallecidos de confesión musulmana se estaría preparando espacio en el cementerio musulmán de la ciudad, mientras que también deberán contemplarse alternativas para personas pertenecientes a otras confesiones.
El paso del tiempo añade otro problema. Después de varias semanas, algunos cadáveres podrían encontrarse ya en un avanzado estado de deterioro pese a los sistemas de refrigeración habilitados. La descomposición puede dificultar las identificaciones, complicar determinados trabajos forenses y añadir obstáculos a una eventual repatriación posterior, aumentando la urgencia para encontrar una salida administrativa y diplomática.
Ceuta afronta así una emergencia que ya no consiste únicamente en recuperar los cuerpos del mar. Las autoridades deben completar las autopsias e identificaciones pendientes, contactar con las familias, resolver las posibles repatriaciones y encontrar sepultura para quienes no puedan regresar a sus países. Todo ello mientras 88 cadáveres han obligado a transformar parcialmente el Hospital Militar en una instalación forense de emergencia ante la falta de capacidad de los medios ordinarios de la ciudad.