El dueño de una hamburguesería ceutí nacido en Marruecos ha decidido no vender productos ni prestar determinados servicios a las personas que hayan entrado ilegalmente en Ceuta durante la invasion migratoria de las últimas semanas. Khaled Ali Ammar, propietario de Hamburguesería Nebil, ha anunciado que tampoco facilitará recargas telefónicas ni cambios de moneda marroquí a quienes se encuentren en esta situación.
La postura del hostelero fue difundida por El Faro de Ceuta bajo el título «Sirviendo a la patria». Su decisión llega después de las entradas masivas registradas desde finales de julio y en un momento en el que numerosos comerciantes de la ciudad han tenido que afrontar las consecuencias derivadas de la presencia de miles de personas sin alojamiento estable.
La posición de Khaled Ali Ammar resulta especialmente significativa por sus propios orígenes. Nacido en Marruecos y asentado desde hace décadas en Ceuta, lleva cerca de 30 años al frente de su establecimiento y se ha convertido en una figura conocida en la ciudad. Su restaurante combina productos habituales de una hamburguesería con especialidades de la gastronomía marroquí, entre ellas cuscús, tajines y shawarma.
No es la primera vez que el empresario muestra públicamente su vinculación con Ceuta y con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Durante la pandemia de la COVID-19 repartió gratuitamente miles de comidas y cafés entre trabajadores esenciales y agentes, una iniciativa por la que recibió reconocimientos de la Guardia Civil y la Policía. En 2024, veteranos de la Guardia Civil también le entregaron una camiseta como agradecimiento por su colaboración con el deporte local.
La invasión migratoria ha provocado además situaciones de tensión entre algunos de los recién llegados y residentes ceutíes, incluidos ciudadanos con raíces familiares marroquíes que llevan décadas viviendo legalmente en la ciudad. Durante los primeros días circularon imágenes e informaciones sobre enfrentamientos después de robos o intentos de asalto, en un contexto de creciente preocupación entre parte de la población.
El caso de Ammar refleja precisamente la diferencia entre el origen familiar de una persona y su sentimiento de pertenencia. El hostelero, pese a haber nacido en Marruecos, ha optado por posicionarse públicamente junto a la ciudad en la que reside desde hace décadas y adoptar una medida dirigida específicamente contra quienes hayan accedido a ella de manera ilegal.
Su postura destaca también porque otros establecimientos de Ceuta no han hecho público un posicionamiento semejante. Ammar ha convertido así su negocio en una nueva expresión de las tensiones surgidas durante la actual crisis, reivindicando públicamente su compromiso con la ciudad pese a sus raíces marroquíes.