Entre el 1 de enero y el 31 de mayo entraron de forma ilegal en Ceuta 2.281 inmigrantes, todos ellos por vía terrestre (saltando la valla o bordeando a nado los espigones), según el último balance oficial del Ministerio del Interior. La cifra ya supone un incremento del 222% respecto a los 707 registrados en el mismo periodo de 2025 y representa una media de unos 15 inmigrantes ilegales al día.
El dato resulta especialmente grave si se pone en contexto nacional. Mientras las llegadas ilegales al conjunto de España han caído un 35,2% y Canarias se ha desplomado un 71%, Ceuta marcha en dirección completamente opuesta y se ha convertido en uno de los principales puntos de entrada de inmigración ilegal de todo el país. Una ciudad de apenas 19 km² concentra ya alrededor de uno de cada cinco inmigrantes ilegales que han entrado en España este año (el 22%).
Fuentes de la Comisaría General de Extranjería y Fronteras (CGEF) de la Policía Nacional consultadas por LA GACETA confirman que este año el 100% de las entradas en Ceuta se han producido por vía terrestre o a nado. El salto de la valla y el cruce a nado de los espigones se han convertido en la única vía utilizada por las mafias. La evolución de los últimos años muestra un patrón claro de escalada. En 2022 entraron 432 inmigrantes ilegales en los cinco primeros meses; en 2023 bajaron ligeramente hasta 411; en 2024 se duplicaron hasta 1.069; en 2025 descendieron a 707 y en 2026 se han disparado hasta los 2.281. La cifra actual es 5,3 veces superior a la de 2022 y más del doble que la de 2024, que hasta ahora era el máximo del periodo.
El perfil de los que llegan también resulta revelador. Según datos recogidos en el CETI de Ceuta a los que ha tenido acceso LA GACETA, los marroquíes son la nacionalidad claramente predominante, llegando a representar el 58,21% de las altas en marzo. Les siguen los sudaneses, que pagan más de 1.000 euros a las redes de traficantes para realizar un trayecto que incluye vuelos a Casablanca y recorrido terrestre hasta la frontera ceutí. Muchos de ellos alegan motivos económicos al solicitar protección internacional, un argumento que los investigadores de la CGEF consideran contradictorio con el perfil real de muchos de estos llegados.
Fuentes policiales consultadas por este medio alertan de que la situación en Ceuta está alcanzando niveles de presión sin precedentes. «Una ciudad tan pequeña no puede gestionar de forma sostenida este volumen sin que se resientan los recursos, la seguridad y la capacidad de respuesta de las Fuerzas de Seguridad», explican. Especialmente preocupante es el caso de los marroquíes que acceden al CETI, que tras presentar solicitud de asilo y ser admitidas a trámite, quedan en libertad para moverse por España sin un control efectivo posterior, un vacío de seguimiento que los propios agentes llevan tiempo denunciando internamente.