
El Ministerio de Defensa habría decidido mantener al jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra (JEME), general Amador Enseñat, alejado de Ceuta durante la actual crisis con Marruecos para evitar que su presencia en la ciudad autónoma pueda ser interpretada por Rabat como una «escalada».
La decisión ha provocado malestar en sectores de las Fuerzas Armadas, especialmente porque más de 3.000 militares permanecen desplegados en Ceuta y la inmensa mayoría pertenecen precisamente al Ejército de Tierra.
«No le han dejado ir. En mitad de una crisis como la que vive España con Marruecos, no toca en estos momentos, para evitar una escalada», asegura a The Objective un militar que formó parte hasta hace unos meses de la cúpula del Ejército de Tierra.
La ausencia de Enseñat contrasta con las visitas realizadas durante las últimas semanas tanto por la ministra de Defensa, Margarita Robles, como por el jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), almirante Teodoro López Calderón.
Este último se desplazó a Ceuta el pasado viernes para respaldar a las tropas y agradecer su trabajo durante la crisis, además de mantener un encuentro con el presidente de la ciudad, Juan Jesús Vivas.
Las fuentes militares consultadas describen un «gran malestar» dentro del Ejército ante lo que consideran una política de «apaciguamiento» hacia Marruecos después de la entrada masiva registrada a finales de julio.
Uno de los militares consultados por el citado medio califica lo ocurrido como el desafío más grave a la integridad territorial española desde la crisis del Sáhara de 1975, cuando Hassan II lanzó la Marcha Verde sobre el entonces territorio administrado por España.
Otra fuente habla directamente de un «cabreo generalizado ante la indefinición del papel del Ejército» durante la crisis. El malestar se produce mientras los militares desplegados en Ceuta desempeñan tareas de apoyo a la Policía Nacional y la Guardia Civil y se han registrado además incidentes y agresiones durante algunas patrullas.
Las críticas internas apuntan a que el Gobierno estaría tratando de medir cuidadosamente cualquier movimiento militar para evitar provocar una reacción de Rabat. «Hay que pararlos ya en vez de dar una imagen de sumisión», sostiene una de las fuentes militares citadas.
El Ministerio ha optado por dejar el peso de la actuación militar en manos del JEMAD, Teodoro López Calderón, del que depende directamente el mando operativo de las misiones desarrolladas por las Fuerzas Armadas en las calles de Ceuta. Esta estructura permitiría justificar que Enseñat permanezca en un segundo plano.
Un teniente general retirado consultado por The Objective sostiene que se trata de una «situación híbrida» y considera razonable que el JEME permanezca «en la sombra» mientras las decisiones operativas dependan del JEMAD, evitando posibles interferencias dentro de la cúpula militar.
Sin embargo, la cuestión resulta políticamente sensible porque la mayoría de los efectivos desplegados pertenecen al Ejército de Tierra, cuyo máximo responsable no ha vuelto a visitar la ciudad desde que estalló la crisis. Robles, por su parte, viajó a Ceuta el 12 de agosto y realizó desde allí una de las declaraciones más contundentes pronunciadas por un miembro del Gobierno durante la crisis: «A Ceuta y Melilla no se las toca».
La situación resulta todavía más llamativa porque Amador Enseñat fue el último integrante de la cúpula militar que visitó Ceuta antes de la entrada masiva. El JEME estuvo en la ciudad el 17 de julio, acompañado por su homólogo portugués, el general Eduardo Manuel Braga da Cruz, durante una visita institucional.
En aquel momento ya se estaban produciendo entradas a nado por la zona del Tarajal, aunque todavía no había comenzado la avalancha que terminaría desbordando la frontera a finales de mes. Desde el Estado Mayor del Ejército de Tierra aseguran que Enseñat sigue de cerca la evolución de la crisis, aunque no se haya desplazado nuevamente a Ceuta.
El 26 de agosto acompañó a Robles en Sevilla durante una visita a la Fuerza Terrestre, una de las estructuras fundamentales para preparar y desplegar las unidades del Ejército en caso de una amenaza militar sobre territorio español.