La invasión de Ceuta del pasado 30 de julio ha provocado que los españoles se organicen en redes sociales para exigir un boicot a los productos vinculados a Marruecos y para identificarlos en el supermercado, en las tiendas de ropa y en los envases con una cifra concreta: el 611 al inicio del código de barras.
El llamamiento se ha extendido en X y en grupos de mensajería semanas después de que decenas de miles de personas cruzaran la frontera de la ciudad autónoma. Interior cifró en torno a 72.000 las entradas ilegales de los días 30 y 31 de julio; el presidente de Ceuta y otros responsables han hablado de una avalancha cercana a las 80.000. Una parte de la opinión pública interpreta aquel episodio como un pulso político de Rabat y ha trasladado la respuesta al carro de la compra.
El mensaje que circula es directo: si el código empieza por 611, déjalo en la estantería. No es un fenómeno de última hora. Desde agosto se viralizan consignas como #BOICOTMarruecos y tutoriales que piden mirar no sólo el código, sino también las frases «Origen: Marruecos», «Producido en Marruecos» o «Importado de Marruecos».
Los productos que más aparecen en esos hilos son los que España importa de forma habitual del país vecino: hortalizas, frutos rojos, frutas subtropicales, pescado y marisco. A ellos se suma el textil. Usuarios aseguran que devolverán pedidos de grandes cadenas si la etiqueta dice Made in Morocco y que pondrán como motivo de la devolución que no quieren comprar «al que me invade».
El 611, sin embargo, no es una prueba automática de origen. Es el prefijo que GS1 asignó a las empresas registradas en su oficina de Marruecos. Una compañía puede fabricar en un país y registrar el código en otro. Un producto elaborado en Marruecos y comercializado por una empresa dada de alta en España puede llevar el prefijo 84. Por eso quienes impulsan el boicot con más detalle piden cruzar el código con la etiqueta de origen, sobre todo en frescos, donde la ley obliga a indicar la procedencia.
La campaña encaja en un clima más amplio de rechazo comercial y turístico. Medios del sector han informado de una concentración alta de cancelaciones españolas de hoteles en Marruecos para septiembre —Marrakech, Agadir, Tánger—, aunque las agencias de viajes niegan por ahora un derrumbe generalizado de reservas. En paralelo, analistas recuerdan que la UE absorbe entre el 65% y el 68% de las exportaciones marroquíes y que España es uno de sus principales clientes. De ahí que el código de barras se haya convertido, para muchos consumidores, en una forma de presión que el Gobierno no está ejerciendo.
El resultado, de momento, no es un embargo oficial. Es una consigna de calle y de red: mirar el envase, buscar el 611, leer el origen y decidir con la cartera. Tras lo ocurrido en Ceuta, una parte de España ha convertido el supermercado en el primer frente.