
La Policía Nacional ha asestado un golpe de gran magnitud a las mafias que operan en el sur de España: 15 detenidos, siete narcolanchas intervenidas y una red criminal dedicada tanto al tráfico de inmigrantes como al suministro de combustible para organizaciones delictivas.
La operación, desarrollada en varias localidades de Almería y Granada, destapa una estructura perfectamente organizada que actuaba como auténtico centro logístico del negocio ilegal que conecta el norte de África con las costas españolas.
La investigación se remonta a septiembre de 2025, cuando los agentes detectaron varios episodios de llegada irregular de inmigrantes. Detrás de ellos, según las pesquisas, se encontraba un individuo identificado como K.A.M., considerado el cabecilla de una organización compuesta por al menos otros seis miembros clave.
Su papel era estratégico: coordinaba la adquisición de embarcaciones de alta velocidad y organizaba el suministro de combustible y víveres a otras mafias, permitiendo viajes completos entre Argelia y España sin necesidad de escalas.
El operativo, ejecutado esta semana, incluyó 14 registros en viviendas, cortijos y naves industriales en puntos clave como Vícar, Roquetas de Mar, El Ejido o Huércal de Almería, además de una nave en Granada. En ellos se localizaron las narcolanchas —algunas listas para operar— junto a grandes cantidades de gasolina almacenadas en bidones y garrafas.
Uno de los episodios más reveladores de la actividad de la red fue la preparación de una embarcación en el puerto de Aguadulce. Tras ser probada y ocultada en un camping, fue finalmente botada desde Pulpí. Posteriormente, la lancha fue interceptada por autoridades argelinas con inmigrantes a bordo.
Pero la red no operaba sola. Las investigaciones vinculan a sus miembros con otras operaciones de tráfico de personas, como la llegada de 31 inmigrantes a la playa murciana de Calabardina el pasado febrero, en una embarcación equipada con potentes motores.
Además, el grupo proporcionaba apoyo logístico constante a otras organizaciones criminales. En una sola noche, podían transportar hasta 120 garrafas de combustible destinadas a abastecer narcolanchas en alta mar. Estas operaciones se realizaban en calas aisladas, como la Cala de la Invencible, durante la madrugada y bajo estrictas medidas de seguridad.
La estructura de la organización reflejaba un alto grado de profesionalización: el cabecilla coordinaba las operaciones, mientras que sus colaboradores —incluidos familiares directos— se encargaban del transporte terrestre, la captación de pilotos y la ocultación de las embarcaciones.
Este nuevo golpe policial pone en evidencia la consolidación de redes criminales que convierten las costas españolas en un nodo clave del tráfico ilegal de personas y del negocio asociado al narcotráfico, en un contexto de creciente presión migratoria y sofisticación de las mafias.
Una realidad que vuelve a cuestionar la capacidad del Estado para controlar sus fronteras frente a organizaciones cada vez más estructuradas, rápidas y rentables.