
La mayoría de los españoles rechaza las restricciones que la Unión Europea ha establecido para los vehículos de combustión a partir de 2035. Según la última edición del Foro de Movilidad de Alphabet, el 65% de los encuestados apuesta por flexibilizar la prohibición de vender coches nuevos de gasolina y diésel o se opone directamente a cualquier veto, en un momento en el que Alemania y Francia también presionan a Bruselas para revisar sus objetivos climáticos.
El estudio, elaborado por la compañía de movilidad corporativa perteneciente al grupo BMW, evidencia las reticencias de los ciudadanos ante una transición energética que pretende transformar profundamente el mercado automovilístico europeo durante la próxima década.
En concreto, el 34% de los españoles reclama flexibilizar la normativa para permitir la comercialización de tecnologías como los vehículos híbridos enchufables o los motores alimentados con combustibles sintéticos. Otro 31% se muestra directamente contrario a cualquier prohibición de los motores de combustión. Por su parte, un 18% considera necesario retrasar el calendario para conceder más tiempo a fabricantes y consumidores, mientras que otro 18% defiende mantener las restricciones en los términos planteados.
Uno de los resultados más significativos de la investigación es que la demanda de flexibilidad tecnológica no se limita a las generaciones de mayor edad. El 38% de los españoles de entre 18 y 30 años defiende modificar las restricciones para permitir otras tecnologías de propulsión, cuatro puntos por encima de la media nacional.
Entre los ciudadanos de 31 a 45 años, el porcentaje se sitúa en el 32%, mientras que alcanza el 33% entre quienes tienen de 46 a 60 años. Los datos cuestionan la idea de que las nuevas generaciones respaldan necesariamente una transición basada exclusivamente en los vehículos eléctricos.
Ángeles Roca, gerente de Marketing y Desarrollo de Negocio de Alphabet España, sostiene que los ciudadanos reconocen la necesidad de avanzar hacia una movilidad más sostenible, pero reclaman que las medidas tengan en cuenta las tecnologías disponibles y las necesidades reales de los usuarios.
El rechazo recogido por la encuesta coincide con las iniciativas de Alemania y Francia para modificar las exigencias europeas sobre las emisiones de los vehículos nuevos. Ambos países han defendido una mayor flexibilidad regulatoria que permita mantener determinadas tecnologías de combustión después de 2035, en lugar de exigir una reducción del 100% de las emisiones de dióxido de carbono de los nuevos automóviles.
La normativa europea ha generado un intenso debate sobre sus consecuencias para la industria automovilística, los empleos vinculados a la fabricación de motores tradicionales y la capacidad económica de los ciudadanos para sustituir sus vehículos.
En España, el sector del automóvil constituye una de las principales actividades industriales, por lo que las decisiones de Bruselas afectan tanto a fabricantes como a proveedores, concesionarios y consumidores. El calendario europeo se refiere a las emisiones de los coches nuevos comercializados a partir de 2035, no a la prohibición de circular con los vehículos de gasolina o diésel que ya estén en uso.