buena parte de la oferta se ha desplazado a circuitos opacos
El alquiler en Ibiza se dispara hasta los 1.700 euros al mes por habitación y expulsa a los trabajadores de la isla
El alquiler en Ibiza se dispara hasta los 1.700 euros al mes por habitación y expulsa a los trabajadores de la isla
Carteles de venta y alquiler de viviendas y plazas de garaje. Europa Press
Por LGI
7 de abril de 2026

El mercado del alquiler en Ibiza ha entrado en una fase límite a las puertas de la temporada turística de 2026, con habitaciones que alcanzan los 1.700 euros mensuales y condiciones restrictivas que impiden incluso recibir visitas o tener mascotas. La escalada de precios, que se mueve en gran parte en canales de Telegram y Facebook, refleja un modelo económico que expulsa a los trabajadores mientras las administraciones no logran contener la situación.

Lejos de frenarse, el fenómeno se intensifica pese a los anuncios de mano dura del Consell insular contra el alquiler ilegal. La realidad es que buena parte de la oferta se ha desplazado a circuitos opacos, donde propietarios imponen contratos verbales y normas abusivas sin supervisión alguna.

Los datos evidencian el salto: habitaciones dobles por 1.700 euros al mes entre abril y octubre en zonas turísticas de la ciudad, otras por 1.500 euros con “terracita” o pisos compartidos en barrios céntricos donde una habitación con baño alcanza los 1.500 euros y otra sin él se sitúa en 1.300. En todos los casos, las condiciones son similares: prohibido recibir visitas, celebrar reuniones o convivir con mascotas.

El problema se extiende por toda la isla. En Santa Eulària des Riu se ofertan habitaciones por 1.600 euros con restricciones adicionales como la prohibición de niños o fumadores. En Sant Antoni de Portmany, tradicionalmente más accesible, los precios ya rondan los 950 euros por una habitación individual, cifras que hace apenas unos años eran sensiblemente inferiores.

Este escenario confirma que el mercado ha roto cualquier referencia previa. Lo que antes se situaba entre 700 y 800 euros se ha convertido en una rareza, mientras el acceso a la vivienda para trabajadores temporales se degrada hasta niveles propios de economía sumergida.

El trasfondo político es evidente: el modelo turístico impulsado durante años ha priorizado el beneficio récord sobre la sostenibilidad social. Mientras la isla se prepara para otra temporada histórica en ingresos, quienes sostienen el sistema —camareros, personal de limpieza, conductores— quedan atrapados en un mercado especulativo sin control efectivo.

La falta de intervención real por parte del Gobierno y de las administraciones competentes ha permitido que el problema evolucione hacia una estructura paralela donde el derecho a la vivienda queda subordinado a la rentabilidad inmediata. El resultado es una isla que crece en cifras, pero que se vacía de trabajadores con capacidad real para vivir en ella.

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