
En Baleares, en 2025 y tras décadas de inmersión lingüística obligatoria, el catalán pierde terreno entre quienes han pasado por un sistema educativo diseñado para garantizar su hegemonía. Así lo constata el Anuario de la Juventud 2025 de la Universitat de les Illes Balears, que analiza los hábitos lingüísticos de los jóvenes del archipiélago y confirma un fenómeno cada vez más evidente: el castellano domina en la calle, en el trabajo y en la vida privada.
El estudio, titulado Del plurilingüismo desigual al predominio social del castellano: lengua y juventud en las Islas Baleares y basado en la Encuesta a la Juventud (EJIB 2022), dibuja un escenario incómodo para el relato oficial. La generación que más horas ha cursado en catalán y que ha sido examinada bajo ese modelo opta mayoritariamente por el castellano cuando abandona el aula.
El dato más revelador resulta el del uso con desconocidos: apenas un 7,2% de los jóvenes elige el catalán al dirigirse a alguien a quien no conoce. El 65,1% recurre al castellano y el resto combina o emplea otras lenguas, en un contexto marcado por la presión turística y migratoria. El castellano se consolida así como lengua de referencia espontánea.
La brecha se aprecia ya en el origen. Sólo el 20,5% reconoce el catalán como lengua inicial, es decir, el primer idioma aprendido en la infancia en el entorno familiar. En cambio, el 46,7% creció con el castellano como lengua materna. En Ibiza, la presencia del catalán como lengua inicial es casi residual y queda ampliamente superada por la suma de lenguas extranjeras.
La paradoja se agranda si se atiende a la competencia lingüística. Al finalizar la educación obligatoria, el 52,5% declara un dominio oral alto del catalán. En castellano, esa cifra alcanza el 90,5%. Sin embargo, el conocimiento no se traduce en uso. Con los amigos, sólo el 13,4% mantiene el catalán; en el trabajo, el 17,5%; y en la pareja, el 16,7%. El castellano, según el propio informe coordinado por la doctora Elga Cremades, actúa como lengua «no marcada», la opción percibida como segura en una sociedad cada vez más heterogénea.
El retroceso se acentúa en la transición al mercado laboral. En el ámbito de estudios o trabajo, el 51,1% utiliza el castellano, frente al 17,5% que emplea el catalán y un 10,6% que recurre a otras lenguas o combinaciones. La investigación apunta a ese momento como crítico y sugiere reforzar las políticas lingüísticas en el sector privado y en el ocio.
El mapa insular tampoco es homogéneo. Menorca y la part forana de Mallorca constituyen los espacios donde el catalán conserva mayor arraigo como lengua inicial, con un 37,7% y un 26,5% respectivamente. En Palma, más de la mitad de los jóvenes, un 57,2%, tiene el castellano como lengua inicial. Ibiza destaca además por el peso de otras lenguas, que alcanzan el 32,3%, una proporción superior a la de territorios como Cataluña o la Comunidad Valenciana.
Otro dato significativo revela el desapego creciente: un 11,5% de los jóvenes afirma que no habla ni escribe absolutamente nada en catalán. Ese porcentaje supera al de quienes no usan nada el inglés, que se sitúa en el 6,1%, lo que indica que para una parte de la población el idioma anglosajón resulta más útil o necesario que el propio de la comunidad autónoma.
El Anuario concluye que las políticas lingüísticas actuales no han logrado mantener la centralidad social del catalán, que corre el riesgo de quedar circunscrito al ámbito académico o administrativo. Mientras el discurso oficial insiste en intensificar la presencia del catalán, los datos reflejan que, fuera de la escuela, la lengua que prevalece entre los jóvenes baleares es otra.