El Gobierno de Pedro Sánchez rechazó solicitar colaboración a Europa instantes después de que los fuegos se multiplicaran en el oeste y el noroeste peninsular, dejando a comunidades como Extremadura, Galicia y Castilla y León al borde del colapso. En aquellas horas críticas, cuando los dispositivos autonómicos estaban completamente sobrepasados, los responsables regionales enviaron varias cartas pidiendo activar el Mecanismo Europeo de Protección Civil. La respuesta, sin embargo, fue el silencio.
En Extremadura, el incendio de Jarilla se descontroló el viernes 15 de agosto mientras ardían simultáneamente otros focos. A las 22.22 horas de ese mismo día, la Junta remitió una primera solicitud al Centro Nacional de Seguimiento y Coordinación de Emergencias (CENEM), dependiente del Ministerio del Interior, reclamando medios europeos: 100 camiones ligeros, 10 helicópteros y 10 aviones anfibios. Media hora más tarde repitieron el llamamiento. Una hora después, insistieron de nuevo, ya dirigiéndose también a Interior, Defensa y la Delegación del Gobierno.
Lejos de reforzar la ayuda, el propio delegado del Ejecutivo central en Extremadura admitió el domingo que «no hay capacidad para mandar más medios». Para entonces ya se habían remitido tres correos oficiales sin obtener contestación. La presidenta regional, María Guardiola, denunció que esas peticiones seguían sin ser atendidas y alertó de que «los vecinos y familias extremeñas están en peligro».
Mientras tanto, el consejero de Presidencia e Interior de Extremadura, Abel Bautista, advertía públicamente que «si no se pide ayuda a Europa ni se despliega el Ejército, el resultado puede ser dramático». Bautista subrayó que la totalidad de los recursos de la comunidad, junto con los de las diputaciones, estaban ya desplegados, y que incluso personal de vacaciones había tenido que incorporarse de forma voluntaria.
El jueves 14, un día antes de que se declarara la emergencia en cadena, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, había reunido al Centro de Coordinación de Protección Civil (CECOP), pero sin invitar a representantes de las autonomías más afectadas. En aquel encuentro únicamente se anunció la llegada de dos aviones franceses, insuficientes frente al desastre que se avecinaba.
Con el avance del fuego, los mensajes de auxilio se multiplicaron. El sábado 16, otra carta dirigida a la Presidencia del Gobierno reclamaba refuerzos urgentes del Ejército de Tierra: autobombas, maquinaria pesada, brigadas forestales y aeronaves. En paralelo, desde el terreno, los responsables autonómicos advertían que la situación era «de extrema gravedad» y que los medios locales estaban «absolutamente tensionados».
Sin embargo, en lugar de coordinación, la tensión política se disparó. La ministra de Transición Ecológica, Sara Aagesen, visitó la zona el sábado, pero evitó reunirse con las autoridades autonómicas que la esperaban en el centro de mando. Aseguró que el Estado estaba respondiendo a todas las solicitudes, pero pidió que se actuase «con rigor, solicitando lo que realmente se necesita», unas palabras que fueron recibidas como una desautorización hacia los equipos de extinción que trabajaban en primera línea.
Ese mismo día, Bautista replicó: «Si la ministra hubiera hablado con los bomberos, sabría que de haber contado con los medios solicitados, muchas casas podrían haberse salvado».
La realidad sobre el terreno fue tozuda: el domingo 17, en plena expansión del incendio de Jarilla, el mayor registrado en la región con más de 15.500 hectáreas calcinadas, apenas había tres hidroaviones operativos en la zona de Hervás, donde los vecinos tuvieron que ser confinados.
La paradoja es que la ayuda internacional y de otras comunidades llegó antes que la activada por el propio Gobierno central. Madrid, Andalucía, Castilla-La Mancha, Murcia y Cataluña enviaron helicópteros, brigadas y aviones en las primeras horas. Y a través del Mecanismo Europeo de Protección Civil, llegaron refuerzos desde Alemania y Eslovaquia. La respuesta del Ejecutivo de Sánchez, en cambio, se limitó a negar capacidad de actuación y retrasar la activación de Europa.