Con la Operación Paso del Estrecho (OPE) cerrada el 15 de septiembre, Rabat parece dispuesta a permitir de nuevo la actividad de las aduanas comerciales de Ceuta y Melilla, suspendidas de manera unilateral durante más de dos meses y medio.
Las autoridades marroquíes, que nunca han escondido su rechazo a estas instalaciones, justificaron el cierre por la supuesta incompatibilidad con la OPE. Sin embargo, la realidad es que la aduana de Melilla, creada en 1866 con el Tratado de Fez, siempre funcionó en los veranos hasta que se impuso esta restricción.
Este año, además, la prensa local marroquí ha señalado una fuerte caída en la entrada de compatriotas por el paso de Beni Enzar, lo que agrava aún más el escenario. El clima de incertidumbre se produce en pleno enfriamiento diplomático entre España y Marruecos, después de que se desvaneciera el entusiasmo inicial tras el giro de Pedro Sánchez sobre el Sáhara.
Por ahora no existe fecha para la reapertura formal ni de la aduana histórica de Melilla ni de la nueva de Ceuta, anunciada por Sánchez en Rabat en abril de 2022 y todavía inexistente. Mientras tanto, los empresarios de ambas ciudades autónomas se declaran cansados de promesas incumplidas y admiten que están al borde de abandonar cualquier intento de exportación hacia Marruecos. Tanto en Ceuta como en Melilla niegan que lo acordado con Rabat sea una aduana comercial homologable.
Desde Exteriores no llega ninguna claridad, pese a que el ministro José Manuel Albares aseguró en julio que las aduanas “no se cierran”. La última referencia procede de la delegada del Gobierno en Melilla, Sabrina Moh, quien afirmó que ya existen contactos entre operadores y la aduana para comprobar si hay movimientos comerciales pendientes. Según dijo, cualquier empresa podría realizar exportaciones o importaciones y el funcionamiento debería seguir “su cauce habitual”.
La realidad es distinta. Desde la reapertura parcial en enero, la aduana de Melilla solo ha registrado 19 cruces de mercancías, de los cuales apenas siete con destino a Marruecos. En Ceuta se han contabilizado 42, pero solo uno con origen en la ciudad autónoma, según la Confederación de Empresarios de Ceuta (CECE).
El presidente de la patronal melillense, Enrique Alcoba, fue tajante en una entrevista en Cope: lo sucedido es una “tomadura de pelo continua, un paripé y una falta de respeto de Marruecos hacia España, y el Gobierno lo permite”. Alcoba remarcó que las actuales instalaciones no se corresponden con una aduana comercial normal y exigió a Exteriores explicaciones claras sobre lo pactado con Rabat. Recordó también el cierre de las naves comerciales fronterizas y de alrededor de 60 comercios, reclamando una alternativa real para rescatar una economía local devastada en los últimos años.
A todo ello se suma el incumplimiento del régimen de viajeros. Aunque España lo respeta, Marruecos impide que los ciudadanos crucen con la cantidad mínima de mercancías para uso personal. Los empresarios lo resumen de forma amarga: “no dejan pasar ni un yogurt” desde la reapertura de las fronteras en mayo de 2022.
El malestar se refleja también en el ámbito político. El digital local Ceuta Ahora recogía recientemente el rechazo del sector empresarial a una propuesta del grupo MDyC en la Asamblea ceutí para flexibilizar la entrada de productos perecederos marroquíes en territorio español, algo que consideran un agravio en medio del actual desequilibrio.