
La Confederación Hidrográfica del Guadiana (CHG) y el Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO) procedieron al vaciado del embalse de Alcollarín, en Cáceres, dentro de un proyecto financiado con más de un millón de euros del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR). El objetivo declarado de esta intervención es combatir la presencia del pez invasor Pseudorasbora parva, instalando barreras y aplicando técnicas de pesca activa y pasiva para frenar su expansión aguas abajo.
Sin embargo, las consecuencias han sido devastadoras. El pantano, que en 2021 llegó a ser vital para el abastecimiento de hidroaviones durante los incendios, ha quedado vacío y cubierto de peces muertos, mientras gran parte de las aves acuáticas que lo habían convertido en un enclave de referencia han desaparecido. El impacto ambiental, lejos de limitarse al control de una especie exótica, ha supuesto la destrucción de un ecosistema que figuraba entre los más relevantes de España en materia ornitológica.
El alcalde de la localidad, Julián Calzas Escribano, ha mostrado su indignación por la forma en la que se ha ejecutado la medida: «Se han cargado un ecosistema entero. Era el primer embalse de Extremadura en importancia para la observación de aves, y uno de los más destacados del país. Que se vacíe de manera unilateral no sólo elimina al pez invasor, sino que arrasa con toda la biodiversidad asociada», denunció en declaraciones a El Debate.
Además de la pérdida natural, la decisión tiene un fuerte impacto económico. El Ayuntamiento había presentado el embalse en la feria turística Fitur como un atractivo para visitantes interesados en la pesca deportiva y la observación de aves. También se había adjudicado la explotación de un chiringuito en la orilla, cuya actividad ahora resulta inviable. «Hicimos un esfuerzo en promoción y ahora el destino ya no existe. Nadie ha valorado el daño económico que supone para empresas locales, guías de naturaleza o el sector hostelero», lamenta el regidor.
Calzas subraya que la localidad sólo depende de la lluvia para recuperar el nivel del pantano, pues no está conectado a ningún otro sistema de abastecimiento. «Si el año viene seco, no se llenará. Esa es la realidad. Y mientras tanto, el turismo y la economía local están condenados a desaparecer», advierte.
El alcalde reconoce que la invasión del Pseudorasbora parva era un problema real, pero critica la forma de afrontarlo. «Este asunto nació de la presión ciudadana: la gente veía peces muertos en la orilla, grababa vídeos y los difundía. Yo mismo comprobé que el vaciado había comenzado el 16 de mayo. Pero nadie nos explicó de manera clara el porqué ni las consecuencias», señaló.
En definitiva, lo que se planteaba como una actuación ambientalmente necesaria se ha convertido en un desastre ecológico y económico. Donde antes había un refugio de aves y un polo turístico en auge, hoy solo queda un lecho seco, con fauna desaparecida y un municipio que reclama explicaciones y compensaciones.