Italia ha conseguido ampliar su superficie cultivada en 363.000 hectáreas durante el mismo periodo
España ha perdido una superficie cultivable del tamaño de Cantabria en sólo diez años por las restricciones de Bruselas y la instalación de placas solares
España ha perdido una superficie cultivable del tamaño de Cantabria en sólo diez años por las restricciones de Bruselas y la instalación de placas solares
Paneles solares en tierras españolas. Redes sociales
Por Unai Cano
3 de septiembre de 2025

España ha visto desaparecer el 3,38% de sus tierras cultivables en apenas una década, lo que equivale a 581.488 hectáreas. Para hacerse una idea, la superficie perdida supera la extensión de Cantabria, que ronda las 532.000 hectáreas. Esta reducción, registrada entre 2014 y 2023, refleja el desgaste del modelo agrario nacional y las crecientes dificultades de un sector en crisis.

Según los datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el país pasó de contar con 17,18 millones de hectáreas de cultivo en 2014 a poco más de 16,6 millones en 2023. España no es una excepción: la tendencia se repite en gran parte de Europa y el Mediterráneo, aunque con intensidades muy distintas.

Francia lidera la pérdida de tierras agrícolas en el continente, con un retroceso del 7,25% en diez años, lo que supone 1,4 millones de hectáreas menos, casi el triple que en España. En cambio, Italia ha conseguido ampliar su superficie cultivada en 363.000 hectáreas durante el mismo periodo. Países Bajos y Marruecos se sitúan en cifras similares a España, con un retroceso del 3,36% y del 3,24%, respectivamente. Turquía, por su parte, ha logrado un leve crecimiento, con 34.000 hectáreas más.

En el caso español, el olivar se mantiene como el gran pilar del campo, con 2,65 millones de hectáreas plantadas, seguido de la vid (913.000) y el almendro (765.540). Otros cultivos estratégicos completan la lista: maíz, cítricos, arroz, patata y tomate. Esta estructura productiva, de fuerte raíz mediterránea, se asemeja a la de otros países de la cuenca, donde el maíz, la uva y el olivo también juegan un papel clave.

La merma de superficie cultivada no sólo supone una cuestión estadística, sino un desafío directo para la soberanía alimentaria en Europa. El crecimiento urbano, la llegada de energías renovables, las limitaciones del Pacto Verde y la falta de relevo generacional en el campo amenazan la continuidad de las explotaciones y ponen en cuestión la capacidad de garantizar alimentos suficientes a medio plazo.

Los informes de la FAO subrayan que la reducción de la última década no es un fenómeno puntual, sino una tendencia estructural que marcará el futuro de la agricultura. El debate ya no es si el campo se reduce, sino qué modelo agrario podrá sostenerse en las próximas generaciones.

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