
España atraviesa una transformación demográfica y familiar de enorme profundidad. Si se mantienen las tendencias actuales, cerca de la mitad de la población podría no llegar a casarse nunca y alrededor del 40% de las mujeres hoy en edad fértil podría terminar su vida reproductiva sin hijos.
Es una de las principales conclusiones del informe Hundimiento y recuperación de la familia, elaborado por CEU-CEFAS y dirigido principalmente por Alejandro Macarrón Larumbe, responsable de Estudios y Análisis Sociales del centro. El trabajo analiza medio siglo de cambios en la familia española a partir de estadísticas oficiales del INE, datos internacionales, estudios académicos y estimaciones propias.
El deterioro resulta especialmente visible en la nupcialidad. El indicador coyuntural de primonupcialidad —que estima qué proporción de personas se casaría al menos una vez antes de los 60 años si se mantuvieran las pautas actuales— cayó hasta 0,48 en 2024, frente al 0,99 de 1976.
Entre los españoles, excluyendo a los extranjeros, el indicador se sitúa en 0,52. Hace medio siglo, más del 85% de los españoles estaba casado antes de cumplir los 30 años. Hoy no llega al 15%.
También se ha retrasado drásticamente la edad del primer matrimonio. Los hombres se casan por primera vez a una media de 37,3 años y las mujeres a los 35,1, alrededor de once años más tarde que en los años setenta. El informe añade que aproximadamente la mitad de los matrimonios termina disolviéndose y que más de uno de cada tres se rompe antes de alcanzar los veinte años.
El segundo gran desplome se produce en la natalidad. Las mujeres nacidas en España han pasado de tener 2,77 hijos de media en 1976 a sólo 1,07 en 2024, prácticamente la mitad de los 2,1 necesarios para garantizar el relevo generacional.
Hace cuatro o cinco décadas, menos del 10% de las españolas terminaba su etapa fértil sin descendencia. De mantenerse las tendencias actuales, CEU-CEFAS calcula que alrededor de cuatro de cada diez mujeres podrían no tener hijos, mientras una proporción todavía mayor podría no llegar a tener nietos.
El informe advierte de que el fenómeno no puede explicarse únicamente desde la natalidad, sino que está ligado al retraso del matrimonio, la inestabilidad de las parejas, las dificultades económicas y habitacionales y una profunda transformación cultural.
El cambio familiar también se refleja en los hogares. A finales de 1970 España contaba con unos 660.000 hogares unipersonales, apenas el 7,5% del total. En abril de 2026 se aproximaban ya a 5,65 millones, equivalentes al 28,5%.
Macarrón sostiene que natalidad, matrimonio y ruptura familiar forman parte de un mismo proceso y advierte de sus consecuencias sobre el envejecimiento, la soledad, las redes de apoyo intergeneracional, la vivienda y la sostenibilidad del Estado del bienestar.
El informe reclama políticas orientadas a facilitar la formación de familias estables, reducir los obstáculos para tener hijos y revertir una tendencia que amenaza con alterar profundamente la estructura social española durante las próximas décadas.