El Sahel se ha convertido en el nuevo centro de gravedad del terrorismo yihadista mundial. Las organizaciones vinculadas al Estado Islámico y Al Qaeda han ampliado su territorio, aumentado el número de combatientes y reforzado su capacidad operativa en una región cuya cercanía representa una amenaza directa para España y el resto de la Unión Europea.
Así lo advierte Europol en su Informe de la Unión Europea sobre la situación y las tendencias del terrorismo. El documento constata que la Provincia del Estado Islámico en el Sahel (ISSP) experimentó un «crecimiento considerable», amplió «su control territorial» e incrementó el número de integrantes.
La agencia europea también señala la expansión del Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM), organización afiliada a Al Qaeda. «Siguió desempeñando un papel destacado en Burkina Faso, Malí y Níger, al tiempo que extendió su presencia hacia el sur», recoge el informe.
La debilidad de las estructuras estatales, la sucesión de golpes de Estado y la inestabilidad económica han favorecido el avance de estas organizaciones. Sus filiales compiten por controlar territorios, rutas estratégicas y poblaciones en una escalada que amenaza con extenderse hacia el Golfo de Guinea y aproximarse aún más a las fronteras europeas.
Europol pone el foco en la posible llegada a Europa de combatientes con experiencia en zonas de conflicto y en el riesgo de que el Sahel se convierta en una plataforma desde la que preparar atentados contra objetivos europeos.
«Dado que partes de esta región siguieron constituyendo un foco de actividad para grupos terroristas y extremistas violentos, persistieron las preocupaciones por su capacidad de atracción para los combatientes terroristas extranjeros y por la posibilidad de que desde allí se planificaran o ejecutaran operaciones dirigidas contra la Unión Europea», sostiene el organismo.
La «triple frontera», nuevo bastión del yihadismo
Las conclusiones de Europol coinciden con el último informe anual del Departamento de Seguridad Nacional, que identifica el Sahel como el nuevo «centro de gravedad del terrorismo mundial», por delante de los antiguos bastiones yihadistas de Siria e Irak.
La principal zona de expansión se encuentra en la denominada «triple frontera» entre Malí, Burkina Faso y Níger. En Malí, aunque ha descendido el número de atentados, el JNIM ha ampliado su influencia y controla rutas estratégicas. Burkina Faso apenas conserva el dominio efectivo de la mitad de su territorio, mientras Níger registra un aumento de los ataques y las víctimas.
La amenaza comienza además a extenderse hacia el Golfo de Guinea. Países como Benín y Togo ya han sufrido un incremento de las acciones terroristas, una evolución que eleva la preocupación en Bruselas por el avance de los grupos yihadistas hacia la costa occidental africana.
La Unión Europea pretende mantener su presencia en la región mediante un nuevo enfoque basado en la cooperación antiterrorista, el refuerzo de las fronteras y la lucha contra las redes dedicadas al tráfico ilícito.
La crisis afecta de forma particular a España. Además del riesgo terrorista, la desestabilización del Sahel alimenta la inmigración ilegal, el tráfico de personas, armas y drogas y la actividad de las organizaciones criminales. También amenaza la seguridad energética, ya que el Golfo de Guinea constituye un proveedor clave de petróleo y gas para el mercado español.
El avance yihadista se produce a apenas 1.600 kilómetros del territorio nacional. España mantiene activado el nivel cuatro sobre cinco de alerta antiterrorista, mientras los servicios de información advierten de que el deterioro de la región representa ya una amenaza directa para los intereses nacionales.