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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Gaspart, piedra de toque para Antonio Garamendi (1)

Nadie pidió perdón a la sociedad española por tener en Soto del Real a su líder durante tres años.

Corría el año 1985, cuando Juan Rosell llegó a la presidencia de la patronal catalana, Foment del Treball, convirtió a su amigo Joan Gaspart, en vicepresidente. Cuando Rosell ganó las elecciones para presidir la CEOE, se llevó a Gaspart como vicepresidente. Incluso le colmó con la presidencia de CEHAT, el Consejo de Turismo de la CEOE, desde enero de 2011. Ese es el cargo que está en juego este mes. El hotelero culé quiere quedarse pero eso afecta –y mucho- la credibilidad de la nueva CEOE de Antonio Garamendi.

Juan Rosell renovó poco las formas feudales de la gran patronal ahormadas si acaso por un principio de fidelidad y obediencia ciega. El anterior presidente de CEHAT fue el fallecido Gonzalo Pascual, socio en Marsans y amigo del anterior presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán. Nadie pidió perdón a la sociedad española -en nombre de los patronos- por tener en Soto del Real a su líder durante tres años (2007/2010), culpable de alzamiento de bienes, fraude a Hacienda, blanqueo de capitales y una retahíla de delitos.

Rosell protegió a su amigo Gaspart, pero su renovación al frente de la poderosa CEHAT es un inconveniente para Antonio Garamendi y su proyecto de renovación de la organización empresarial. El anterior “patrón de patronos” dejó la caja con 21 millones de euros; pero también algunos compromisos que chirrían con el Código ético que impuso en la CEOE.

A Joan Gaspart Solves le señalan por actividades empresariales poco ejemplares; por tirar hacía el sector catalán en perjuicio de otros y por haberse vuelto un defensor del procès, a la manera de Gaspart. Con la euforia típica de un “hooligan” del fútbol.
Poco cambio podrá “vender” Garamendi en la CEOE, si Gaspart continúa. El ex presidente del Barça está querellado por sus socios saudíes, que le acusan de ocultar impagos a la Seguridad Social por hasta 15 millones de euros. Y ese es un asunto mollar en la ética de los dirigentes empresariales. Precisamente, esa falta de “ejemplaridad” le ha sido ya reprochada –de frente- por uno de los grandes del sector, Simón Pedro Barceló.

En Cataluña, muchos le reprochan que les embarcó en la operación “catalanizar Spanair” en la que no puso dinero propio, mientras los otros perdían hasta la camisa.
Y lo peor, en el concurso de sus empresas –el Grupo Husa- con deudas de 250 millones de euros y un ERE de 300 trabajadores, el administrador pedía su “inhabilitación por diez años para cualquier consejo de administración” y una multa de 1,4 millones de euros. Aunque el juzgado le exonerara de responsabilidades, el pasado octubre, Gaspart no gana precisamente la Liga del “juego limpio”.

El administrador concursal que “le pitó penalti y expulsión” era nada menos de el catedrático de derecho mercantil y experto en delito fiscal, José Manuel Calavia. Este vio cosas “que tú no creerías” en Husa, parafraseando al malo de Blade Runner.

Estafa e impagos

Gaspart empezó como botones en hoteles de su familia. Sin embargo, los trabajadores del Hotel Juan Carlos I sufrieron en carne propia que el hotelero catalán no pagase sus cuotas de la Seguridad Social. Conocí al Doctor Radi, un palestino con buenas relaciones con la familia del Rey Fahd de Arabia Saudí. Radi trajo al fondo saudí (AGICO), que salvó de la ruina a HUSA, en 2003. Compraron un 23% de la firma de Gaspart por 7.000 millones de pesetas. Invirtieron en el lujoso Hotel Juan Carlos I y en el Palacio de Congresos de Cataluña, anejo. Siempre, como socios únicos de Gaspart.

El pasado mes de marzo, el jeque Turki Bin Nasser bin Abdulaziz Al Saud, formulaba querella contra Gaspart por “estafa” y por “ocultar impagos a la Seguridad Social” y otras fruslerías como poner el Palacio de Congresos como aval de sus asuntos, sin ser el dueño. De todo ello dará cuenta el viernes ante un juzgado de Barcelona
En el texto se decía que Gaspart “prevaliéndose de su reconocimiento social y empresarial había malbaratado el complejo hotelero buscando su propio beneficio”. Esa es la clave.

Se referían a su condición de: vice-presidente del Gremio de Hoteles; presidente del Consorcio de Turismo de Barcelona (desde 1994); miembro de la Cámara de Comercio de Barcelona, de vocal del Consell de Cambres catalanas, de vice presidente de Foment y de la CEOE (donde preside a los empresarios del turismo), de ser consejero de la patronal Cecot, y ex presidente del Barça (durante tres años), les había hecho una “pirula” de tamaño descomunal.

El empresario hotelero invitó a muchos empresarios catalanes a invertir en Spanair, para convertirla en la compañía “de bandera” catalana, era cuando Artur Mas desplegaba los referéndums. Se arruinaron cuando, en 2012, la compañía se derrumbó y dejaba de operar tras concurso de acreedores. Gaspart había puesto dinero público del Consorcio de Turismo de Barcelona, pero del suyo, no. Aquello dio lugar a un escándalo legal por malversación de fondos públicos.

Gaspart llegó a la CEOE con los pioneros de Ferrer Salat, de la mano de Eduardo Bueno Ferrer, luego dejó la organización, para volver con Rosell. Cuando lo dejó, le pregunté su opinión sobre la salud de la gran patronal. Se llevó a la mano a las posaderas, dándose tremendos golpes, sobre una cartera de bolsillo -que no vi-y dijo resuelto: “No son como yo. No hay gente que pague nóminas”.

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