«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
«Cuando les dices que la ruta es peligrosa, la mayoría responde: Donde estamos, ya estamos muertos»

Guinea se convierte en el nuevo gran nodo de la ruta atlántica de inmigración ilegal hacia España: miles parten ya hacia Canarias

Decenas de inmigrantes guineanos embarcan para salir hacia la península, a 7 de agosto de 2025, en Ceuta (España)

La presión migratoria sobre la ruta atlántica vuelve a crecer y tiene un nuevo epicentro: Guinea. Miles de jóvenes están zarpando desde su costa hacia las Islas Canarias, ampliando aún más un trayecto ya de por sí letal, en un fenómeno que preocupa tanto a las autoridades españolas como a los países del entorno.

El desplazamiento del mapa migratorio responde a una combinación explosiva: inestabilidad política, crisis económica y el endurecimiento de controles en los países vecinos, fruto de la cooperación reforzada con la Unión Europea y España.

«Cuando les dices que la ruta es peligrosa, la mayoría responde: donde estamos, ya estamos muertos», lamenta Elhadj Mohamed Diallo, director de la Organización Guineana para la Lucha contra la Migración Irregular.

Tradicionalmente, las salidas se concentraban en Senegal, Mauritania y Marruecos. Pero el refuerzo policial, los acuerdos bilaterales con Madrid y las restricciones europeas de visado están empujando a las mafias a desplazarse hacia el sur.

El resultado: Guinea se ha convertido en un nuevo puerto de salida hacia Canarias, pese a que el viaje desde su costa añade 750 kilómetros más respecto a los trayectos que parten de Senegal. Esto multiplica el riesgo de naufragios en embarcaciones cada vez más precarias y saturadas.

Incluso algunos puertos pesqueros, como Kamsar, muestran ya signos de transición: parte del sector ha pasado de la pesca a colaborar —de forma directa o indirecta— en los embarques ilegales organizados por redes de tráfico de personas.

Según informa The European Conservative, el auge de Guinea como nodo migratorio reconfigura toda la ruta atlántica y anticipa un repunte en las llegadas a las Islas Canarias. La distancia añadida implica trayectos más largos y difíciles de interceptar. Al mismo tiempo, la presión demográfica y económica del país empuja cada semana a más jóvenes a intentar un viaje que, en muchos casos, se cobra la vida de decenas de ellos.

Las autoridades locales reconocen que el fenómeno se ha acelerado desde mediados de año y que la capacidad del país para frenar estas salidas es limitada. Mientras tanto, España vuelve a enfrentarse a una ruta que nunca dejó de ser la más mortal del mundo, ahora ampliada y desplazada hacia un nuevo foco de salida.

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