El Programa de Enseñanza de Lengua Árabe y Cultura Marroquí aprobado por el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes se imparte actualmente en centros escolares de hasta doce comunidades autónomas españolas en virtud de un acuerdo bilateral entre los gobiernos de España y Marruecos. El objetivo oficial de esta iniciativa es ofrecer clases de lengua árabe y contenidos culturales marroquíes a alumnos de origen marroquí —aunque también pueden asistir estudiantes de otras nacionalidades— dentro del sistema educativo español.
El programa, conocido como PLACM, se desarrolla principalmente en colegios e institutos de educación primaria y secundaria. Según la información difundida por el propio Ministerio, pretende enseñar el idioma árabe y transmitir aspectos de la cultura marroquí al alumnado escolarizado en España. Entre sus metas también figura proporcionar a los estudiantes marroquíes una formación «que les permita conservar su identidad cultural» mientras viven en el país de acogida.
Una de las particularidades de esta iniciativa es que el profesorado encargado de impartir las clases no pertenece al sistema educativo español, sino que es enviado directamente por el Gobierno de Marruecos. Estos docentes se integran en los centros donde se desarrolla el programa para impartir las sesiones complementarias de lengua y cultura marroquí.
La presencia de este programa en el sistema educativo español se extiende ya por doce comunidades autónomas, lo que refleja el crecimiento de la población de origen marroquí en distintos territorios del país. En muchos casos, las clases se ofrecen fuera del horario lectivo habitual, aunque se desarrollan dentro de los propios centros escolares.
Sin embargo, la iniciativa genera críticas entre quienes consideran que este tipo de programas dificulta la integración de los alumnos inmigrantes en la sociedad española. Sus detractores sostienen que promover la enseñanza específica de la lengua y cultura del país de origen dentro de las escuelas españolas puede reforzar la separación cultural en lugar de favorecer la asimilación lingüística y social.
Desde esta perspectiva crítica, se argumenta que el sistema educativo debería centrarse prioritariamente en reforzar el aprendizaje del español, la historia y los valores cívicos del país de acogida. Según quienes mantienen esta postura, mantener programas financiados en cooperación con gobiernos extranjeros para preservar identidades culturales de origen podría contribuir a consolidar comunidades paralelas en lugar de impulsar una integración plena.