El sector fotovoltaico español se está arruinando en España como consecuencia del fuerte desequilibrio entre el crecimiento acelerado de la capacidad instalada y una demanda eléctrica incapaz de absorber toda la producción generada durante las horas solares. La situación está provocando una caída drástica de la rentabilidad de las plantas y amenaza con desencadenar problemas financieros generalizados en buena parte de la industria durante los próximos meses.
Tras varios años de expansión masiva, España supera ya los 50.000 megavatios de potencia fotovoltaica instalada y prevé incorporar alrededor de otros 8.000 MW adicionales a lo largo de 2026. En apenas ocho años, la capacidad solar se ha multiplicado por diez, impulsada por el abaratamiento tecnológico, los objetivos de transición energética y las expectativas de elevados ingresos en el mercado eléctrico.
Sin embargo, el rápido despliegue de instalaciones ha generado un exceso estructural de oferta durante las horas de mayor producción solar. Esto está provocando que el precio de la electricidad en el mercado mayorista se desplome frecuentemente hasta niveles cercanos a cero e incluso negativos en determinados momentos del día.
La consecuencia directa es que numerosas plantas solares están funcionando muchas menos horas de las previstas inicialmente en sus planes de negocio y contratos de financiación. Según datos expuestos por Javier Revuelta, Senior Principal de AFRY, el precio medio capturado actualmente por la energía fotovoltaica se sitúa entre 17 y 19 euros por megavatio hora, cifras muy inferiores a las contempladas en muchos proyectos cuando fueron financiados.
A ello se suman importantes pérdidas técnicas y económicas derivadas de vertidos de energía en determinados puntos de la red, que en algunos casos pueden superar el 40% o incluso el 50% de la producción potencial. El problema se agrava si se tienen en cuenta las numerosas horas del año en las que el precio del mercado eléctrico se mantiene por debajo de los 5 euros/MWh.
En la práctica, muchas instalaciones están operando muy por debajo de las horas equivalentes contempladas en sus previsiones financieras. Frente a las aproximadamente 1.500 horas anuales estimadas en numerosos modelos económicos, algunas plantas apenas estarían obteniendo rentabilidad efectiva durante unas 650 o 700 horas.
El deterioro de los ingresos coincide además con un momento especialmente delicado para el sector. Durante las próximas semanas, numerosas compañías deberán afrontar pagos relevantes vinculados a la financiación bancaria de los proyectos construidos en los últimos años. Fuentes del mercado advierten de que la combinación entre bajos precios y menores ingresos podría provocar dificultades de pago y obligar a renegociar gran parte de la deuda asociada al sector.
Las entidades financieras mantienen por ahora una posición discreta mientras observan la evolución del mercado. No obstante, el volumen de financiación concedido a proyectos fotovoltaicos durante el último ciclo expansivo hace prever que los bancos tendrán que participar en procesos de refinanciación de una parte importante de las instalaciones.
En paralelo, representantes del sector llevan meses trasladando su preocupación al Ministerio para la Transición Ecológica en busca de posibles mecanismos de apoyo o soluciones regulatorias. Sin embargo, según distintas informaciones del sector energético, el Gobierno rechaza por el momento la posibilidad de articular un rescate específico para las compañías afectadas.
Algunas voces del mercado plantean alternativas regulatorias para estabilizar los ingresos mínimos de las renovables, similares a los límites temporales aplicados durante la crisis energética derivada de la guerra de Ucrania. No obstante, una medida de este tipo requeriría cambios complejos en el diseño del mercado eléctrico europeo y abriría además el debate sobre quién asumiría el coste de garantizar esos ingresos.
La situación actual también reabre el debate sobre la planificación del despliegue renovable en España. El fuerte crecimiento de la energía solar no ha ido acompañado, al menos por ahora, de un desarrollo equivalente de sistemas de almacenamiento energético ni de un incremento suficiente de la demanda eléctrica capaz de absorber el excedente de generación.
Analistas del sector consideran que las tensiones financieras podrían prolongarse durante varios años mientras el mercado eléctrico se adapta al nuevo escenario energético. Mientras tanto, la rentabilidad de una parte importante del parque fotovoltaico español continúa deteriorándose en un contexto de sobrecapacidad y elevada incertidumbre económica.