En mayo empieza la temporada de kiwi amarillo o kiwi gold (always believe in your soul). Yo decidí pasarme del verde al amarillo. Lo que es nuestra generación… Conocimos un mundo sin ordenadores y ya estamos en la Inteligencia Artificial. También conocimos un mundo sin kiwis y ahora el kiwi verde ya nos aburre como una manzana.
Puedo recordar cuando el kiwi era algo exótico y novedoso, la sensación de sorpresa ante su forma y sabor. Aunque el cultivo en España se introdujo en 1969, las importaciones de kiwis empezaron a ser masivas en 1978 (ojo) y hasta bien entrados los ochenta no eran tan habituales.
En la frutería, una señora, antes que yo, pidió unos kivis, pronunciados así. Esto me hizo dudar. Siempre pienso que los mayores hablan mejor. Mientras llegaba mi turno estuve pensando que decimos kivui pero no decimos kilovuatio n Vuenceslao.
La w es una letra desconocida. Recuerda al episodio radiofónico aquel de Carlos Pumares con una oyente gallega, la del fibergran: «¡Son letras extranjeras!». Pues tenía razón esa señora. La w es una letra extranjera introducida por la RAE en… 1969. El mismo año de introducción del kiwi. ¿Tuvo algo que ver? Se dispara el pensamiento conspiranoico: ¿Y si los importadores de kiwis influyeron en la RAE? ¿Fue necesario dar entrada a la w para que el kiwi se introdujera con toda su potencia de nombre?
El kiwi ni siquiera se llamaba así. Es una grosella china que los neozelandeses hicieron suya. Una razón del gusto por el kiwi es la fascinación romántica por Nueva Zelanda. Cuando se dice que Australia son nuestras antípodas no se dice la verdad. Si Koldo y Ábalos cogieran una cuchara y empezaran a escarbar un túnel en la cárcel como en Cadena Perpetua, al final acabarían asomando como dos castores en Nueva Zelanda.
Poca gente sabe que ese país fue el primero en dar el voto a la mujer. Fue en 1893. Unos años antes se había aprobado el sufragio masculino universal. Esto significaba que los hombres sin propiedades también podían votar y una consecuencia fue que las mujeres quedaron excluidas junto a «menores, locos y criminales». Tenían que arreglarlo y antes de acabado el siglo XIX ya votaban las mujeres blancas y maoríes, cuando en Suiza, por ejemplo, tuvieron que esperar a la década de los 70.
Desde cierto punto de vista, Nueva Zelanda es el país más democrático del mundo. Fue la última colonia occidental, la primera quizás en deconstruir su occidentalidad, en dar voto y representación a indígenas y mujeres y el primer país anglosajón en abandonar el sistema mayoritario por el proporcional.
Nueva Zelanda extendió y suavizó la democracia anglosajona, e hizo lo mismo con la pequeña grosella de los chinos, que jamás hubiera salido de su anonimato hortofrutícola.
«En Suiza tuvieron 500 años de paz y democracia y ¿qué dieron al mundo? El reloj de cuco». En Nueva Zelanda podrían decir, muy orgullosos, el kiwi amarillo. ¡Cómo no alegrarse cuando llega mayo! ¡Cómo no esperarlos como kiwi de mayo!