Es el prelado de Tarragona
Joan Planellas: el obispo que permitió una estelada en su iglesia y que ahora habla de «xenofobia» para atacar a VOX
Joan Planellas: el obispo que permitió una estelada en su iglesia y que ahora habla de «xenofobia» para atacar a VOX
Joan Planellas. Europa Press
Por Xavier Rius
14 de agosto de 2025

El prelado de Tarragona, Joan Planellas, ha excluido a los casi 250.000 catalanes que votaron a VOX en las elecciones autonómicas del año pasado de la condición de «verdaderos cristianos». «Un xenófobo no puede ser un verdadero cristiano», ha afirmado en respuesta a las declaraciones de Santiago Abascal críticas con la posición de la Conferencia Episcopal sobre el conflicto de Jumilla (Murcia).

En una entrevista a Catalunya Radio el pasado martes, la emisora oficial de la Generalitat, se preguntó. «¿Cómo puede ser xenófobo un católico? ¿Cuál es la posición del Evangelio sobre este punto? Hablar de xenofobia y vincularlo al catolicismo sería una cosa completamente fuera de lugar», se contestó. «Podríamos decir que más bien pueden utilizar este filón católico, que son procatólicos, pero en definitiva no lo son. Un xenófobo no puede ser un verdadero cristiano. Y me parece que debe decirse con toda la contundencia», insistió.

Ni que decir tiene que los medios oficiales de la Generalitat han recogido ampliamente la opinión del arzobispo. Entre otras razones, porque coincide con su línea editorial e informativa. Tanto TV3 como Catalunya Ràdio boicotean sistemáticamente a VOX a pesar de que obtuvieron once escaños y 248.000 sufragios, casi el 8% de los votos. Por ejemplo, no informan de las ruedas de prensa en el Parlament que se celebran los martes para comentar la actualidad política. A pesar de que sí que lo hacen del resto de partidos excluidos, también los de Aliança.

De hecho, el obispo ha utilizado el mismo método que utilizaban durante el «procés», cuando también se excluía de la condición de «buenos catalanes» a los críticos con el movimiento independentista. A pesar de que, en las sucesivas contiendas electorales, los secesionistas obtuvieron unos dos millones de votos, y los que estaban en contra, dos millones y medio.

Las declaraciones de Joan Planelles han provocado notable polémica. El filósofo Miguel Ángel Quintana Paz recordaba el mismo día que «este arzobispo es el mismo que usaba el campanario de su parroquia para exhibir una estelada». Y tocaba las campanas a cada efeméride separatista». «La ‘estelada’ se puso porque el pueblo la pidió. Y yo no puedo ir contra el pueblo», aseveró, según recoge ABC. Consultado por LA GACETA, el abogado Oriol Trillas, especialista en temas eclesiásticos, lo ha definido como «nacionalista pero muy contradictorio». También advierte que «tiene mala prensa» en su diócesis.

El pasado mes de julio, a raíz de la política de nombramientos, el propio Oriol Trillas habló de «pontificado errático que sólo causa desconcierto y confusión», con la particularidad de que el desapego al obispo ha cuajado en todas las tendencias. Desde los más ortodoxos a los más progres, desde los independentistas a los españolistas. «No confía en nadie y nadie confía en él», concluyó.

La Iglesia catalana siempre ha tenido una posición ambigua respecto al proceso. Muchos curas y párrocos, sobre todo de zonas rurales, se mostraron a favor. Algunos hasta cedieron la iglesia para votar en el 1-O.

La cúspide, en cambio, se mostraba más reacia. El cardenal-arzobispo Omella recibió críticas tanto de Puigdemont como de su sucesor, Quim Torra. Puigdemont le reprochó en su día su homilía en la Sagrada Familia tras el atentado de las Ramblas.
Luego, antes de la aplicación del 155, pidieron que hiciera de mediador con el Gobierno central. Pese a que el Gobierno catalán había tenido el apoyo de la CUP, partido antisistema que en ocasiones había hecho pintadas en fachadas de templos y protagonizó un «beso lésbico» ante la Moreneta, en Montserrat.

Además, los Reyes visitaron el monasterio el pasado mes de junio, lo que provocó desazón en los sectores más separatistas. La protesta, no obstante, reunió a menos de un centenar de activistas —encabezados por Lluís Llach— y fueron desalojados por los Mossos.

Noticias de España