Una joven vecina de Torre Pacheco, municipio de Murcia, se ha puesto en contacto con LA GACETA para denunciar la escalada de violencia que están sufriendo los vecinos a manos de bandas organizadas de origen magrebí. En su testimonio, cargado de miedo, indignación y desesperación, la joven relata el clima de inseguridad que vive junto a su familia, especialmente su madre, a quien describe como una mujer mayor con lesiones que, de ser agredida, podría no sobrevivir.
“No salgo de casa sin mirar en todas direcciones, siempre voy con mil ojos”, explica. “Mi madre hace lo mismo: evita esquinas, se abre hacia la carretera para no ser sorprendida. Vivimos en alerta constante”, dice. El temor no es infundado. Ayer miércoles, un anciano fue brutalmente agredido a primera hora de la mañana mientras caminaba por las calles de Pacheco, como hacía a diario por recomendación médica. “No era un robo. No le quitaron nada. Sólo lo apalearon por diversión”, afirma.
El ataque, que ha corrido de boca en boca entre los vecinos, aún no ha aparecido en los canales oficiales de información, ni siquiera en la página de la Policía Local o los perfiles institucionales del Ayuntamiento. “Aquí se tapa todo. Como gobierna el PP, no interesa remover el tema. Pero pasan cosas. Todos lo sabemos”, denuncia la joven, que sospecha incluso que las familias de las víctimas evitan hablar por miedo a represalias.
En su relato, también cuenta cómo en una ocasión unos adolescentes simularon una pelea con piedras en un parque para, según ella, atacar a los hijos de familias españolas que se encontraban en medio. “Una de las piedras pasó rozando la cabeza de mi hijo”, recuerda con rabia. “Me fui directa hacia el crío que la había tirado, le iba a pegar. A mí me da igual que tenga 15 años. Nos tenemos que cubrir como hacen ellos entre ellos”, sentencia.
La joven describe una situación en la que, asegura, los ciudadanos españoles se sienten cada vez más arrinconados en su propio municipio: “Esto ya no es Torre Pacheco, esto es Torre Marruecos. Sales a la calle y no ves ni un español”. Afirma que muchas mujeres mayores evitan llevar joyas a la vista por miedo a los tirones y que los robos en plena luz del día son habituales. Incluso cuenta que en su gimnasio han entrado varias veces a robar mientras los clientes entrenaban.
Además, advierte de una creciente tensión social: “El día menos pensado en Roldán va a estallar algo. Allí hay muchos gitanos que están hartos también, y eso va a reventar”.
Por ahora, los vecinos intentan protegerse como pueden. Algunos buscan piedras con filo cuando pasean. Otros evitan salir solos. Pero todos, dice, comparten la misma sensación: “Nos estamos quedando solos. No nos sentimos protegidos. Y lo peor es que nadie quiere hablar por miedo. Pero esto lleva pasando mucho tiempo. Lo de ayer solo ha hecho que explote lo que ya era una olla a presión”.