La dirección de Junts per Catalunya ya da por hecho, en conversaciones internas, que Pedro Sánchez no aguantará más allá de final de año o enero por el alud de informaciones sobre las tramas de corrupción que cercan al PSOE y a su Gobierno. Mientras tanto, y a sabiendas de la debilidad del presidente, la consigna en la formación separatista es clara: “exprimirlo” hasta el final para sacar el máximo rendimiento en Cataluña y avanzar en su agenda rupturista.
Según ha revelado The Objective, los principales dirigentes de Junts han mantenido varias reuniones con cuadros del partido en las últimas semanas para trasladar un mensaje doble: la legislatura pende de un hilo, pero no moverán ficha hasta que se resuelva el asunto de la amnistía, clave para su líder Carles Puigdemont. En palabras de una fuente del partido, “por aquí nos tiene cogido Sánchez”.
La cuestión de la amnistía no se espera que quede despejada al menos hasta otoño, cuando el Tribunal Constitucional decida sobre las medidas cautelares, mientras el proceso sigue su curso también en el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.
Presión a la espera del derrumbe
De puertas adentro, Junts pretende exhibir “firmeza” para mantener movilizada a su militancia, pero sus dirigentes admiten que sólo romperán con el Ejecutivo si salen a la luz pruebas directas sobre la financiación irregular del PSOE que impliquen a Sánchez en primera persona. Hasta que ese momento llegue, seguirán explotando su posición de fuerza para arrancar concesiones “al máximo” para Cataluña y negociar hasta el último minuto.
En la formación separatista ya dan por hecho que el fin de la legislatura llegará antes de lo previsto. Por eso, en paralelo, ha arrancado un debate interno sobre qué estrategia seguir si un adelanto electoral lleva al Partido Popular y VOX a sumar mayoría, o si el PSOE trata de sobrevivir a Sánchez con otro candidato que mantenga unido al bloque de investidura. En todo caso, Junts confía en mantener la llave de la gobernabilidad con sus siete escaños.
Junts afronta el escenario con un ojo puesto en la competencia interna. Todos los sondeos pronostican un retroceso territorial en las municipales de 2027 en favor de Aliança Catalana, el partido de Sílvia Orriols, aunque en las generales respira más tranquila por la negativa de Orriols a presentarse en unos comicios nacionales. La gran incógnita es si Junts conservará suficientes votos para seguir decidiendo en Madrid.
Por ahora, la dirección descarta cualquier acuerdo en el que VOX esté presente, por el alto coste electoral que tendría para su electorado independentista y catalanista. Sin embargo, algunos cuadros abogan por abrir la puerta a un papel como partido bisagra, capaz de negociar también con el PP y recuperar su perfil tradicional, algo inalcanzable para ERC o el PSC.
Temor al declive y estrategia a dos bandas
En Junts son conscientes de que buena parte del voto más radical ya lo han perdido a manos de Orriols y de que su única vía para recuperar hegemonía es ofrecerse como alternativa pragmática a ERC y al PSC, seduciendo a los votantes catalanistas dispuestos a pactar con uno u otro.
Por eso, en las filas de Puigdemont el miedo no se centra tanto en las ramificaciones del escándalo Koldo-Ábalos-Cerdán, sino en la incapacidad de frenar el declive que marcan todas las encuestas. Mientras tanto, la estrategia está clara: mantener viva la negociación y “apretar” a Sánchez hasta su último día en Moncloa… y dejar la puerta abierta para seguir negociando con quien le suceda, sea del color político que sea.