Cuatro inmigrantes ilegales de nacionalidad argelina apuñalaron esta madrugada a un ciudadano boliviano en la calle Descalzos de Pamplona para robarle unas zapatillas. El agredido se encuentra grave, ya que parte de las puñaladas recibidas se produjeron muy cerca de la aorta y del riñón, según fuentes de la Policía Foral de Navarra consultadas por LA GACETA.
Los hechos ocurrieron durante la madrugada de este lunes en pleno Casco Viejo de la capital navarra. Los cuatro agresores, todos ellos en situación ilegal en España, abordaron a la víctima con intención de robarle el calzado. Tras resistirse, el boliviano fue acuchillado en varias ocasiones con extrema violencia. Los agentes de la Policía Foral detuvieron a los cuatro argelinos poco después.
La calle Descalzos y su entorno han sido durante años un foco recurrente de conflictos. Fuentes policiales de la Foral y de la Municipal de Pamplona llevan tiempo alertando de que se trata de una zona donde se repiten las reyertas, los robos con violencia y los hurtos protagonizados mayoritariamente por grupos de origen magrebí. Tras un periodo de relativa calma tensa, los incidentes han vuelto con fuerza en los últimos meses. En junio del año pasado, por ejemplo, se desarticuló en esa misma calle una banda criminal de inmigrantes ilegales magrebíes que acumulaba más de 200 antecedentes por delitos violentos, peleas con armas blancas y robos con intimidación. Los vecinos y comerciantes de la zona llevan años denunciando la inseguridad y el deterioro que genera la presencia de estos grupos.
Los cuatro detenidos cuentan ya con un amplio historial delictivo, según las mismas fuentes policiales. Pese a ello, y a pesar de que tienen órdenes de devolución en vigor, siguen en territorio español sin haber sido expulsados. Esta situación, que se repite con demasiada frecuencia, genera indignación entre los agentes que ven cómo inmigrantes ilegales con antecedentes graves y órdenes de expulsión pendientes continúan cometiendo delitos en las calles.
El suceso de esta madrugada no es un hecho aislado, sino la última expresión de una inseguridad que se ha instalado en Pamplona y que tiene un claro componente vinculado a la inmigración ilegal. Mientras las autoridades locales y autonómicas se limitan a gestionar las consecuencias, la falta de una política migratoria firme que priorice el control de fronteras y la expulsión inmediata de delincuentes reincidentes permite que este tipo de agresiones se repitan con preocupante regularidad.
La víctima, un ciudadano boliviano que simplemente caminaba por la calle, se debate ahora entre la vida y la muerte por unas zapatillas. Los cuatro argelinos ilegales, con historial delictivo y órdenes de devolución pendientes, han sido detenidos. Pero el problema de fondo —la impunidad con la que actúan estos grupos y la incapacidad para expulsarlos— sigue sin resolverse. Pamplona, como otras ciudades españolas, paga el precio de una inmigración ilegal descontrolada que genera inseguridad real en el día a día de sus vecinos.