
La histórica compañía española Freixenet ha dejado de estar en manos nacionales y pasa a ser, desde ahora, una empresa controlada íntegramente por capital alemán. El grupo germano Henkell ha adquirido el cien por cien de la compañía tras comprar las últimas participaciones que aún conservaban la familia Ferrer y el empresario José Luis Bonet, poniendo fin a más de un siglo de propiedad vinculada a sus fundadores.
Con esta operación se consuma un nuevo episodio en la creciente pérdida de control empresarial español sobre algunas de sus marcas más emblemáticas. Freixenet, uno de los nombres más reconocidos del cava en todo el mundo, queda definitivamente integrada en la estructura del grupo con sede en Wiesbaden, perteneciente a una rama de la familia alemana Oetker.
La venta supone el abandono total de la empresa por parte de las familias históricas. Los Ferrer mantenían aproximadamente el 42,5% del capital, mientras que José Luis Bonet conservaba cerca de un 7,5%. Aunque el importe de la transacción no se ha hecho público, la operación completa el proceso iniciado hace años, cuando Henkell comenzó a entrar en el accionariado.
En 2018 el grupo alemán ya había dado un paso decisivo al adquirir el 50,6% de Freixenet por unos 220 millones de euros. Aquella compra, realizada a varias ramas de las familias Bonet y Hevia, valoró la empresa en torno a los 440 millones. Posteriormente, una ampliación de capital equilibró la propiedad hasta dejarla dividida al 50% entre los socios españoles y el grupo germano.
Durante ese periodo la gestión de la compañía se organizó de forma compartida. El consejo contó con dos consejeros delegados: Andreas Brokemper, designado por Henkell, y Pedro Ferrer, representante de la familia fundadora. Ese modelo de dirección paritaria desaparece ahora con la adquisición total por parte de la empresa alemana.
Como consecuencia del cambio accionarial, Pedro Ferrer abandona su puesto como consejero delegado. A partir de este momento ejercerá únicamente como presidente de honor, un cargo simbólico que compartirá con José Luis Bonet, quien ya ocupaba esa posición.
En un comunicado, Ferrer ha reconocido el carácter especialmente emotivo de la operación, que supone el final del vínculo directo de la familia con la empresa creada en 1914 por Pedro Ferrer Bosch y Dolors Sala Vivé en Sant Sadurní d’Anoia. Su padre, Josep Ferrer —fallecido en 2024 a los 99 años— fue una de las figuras clave en la expansión internacional de la marca.
Aun así, el antiguo consejero delegado ha confiado en que los nuevos propietarios mantendrán el legado construido durante décadas. Desde el lado alemán, Brokemper ha asegurado que la intención del grupo es seguir ampliando la presencia global de Freixenet y reforzar su penetración en regiones como Asia o Sudamérica.
José Luis Bonet, por su parte, ha defendido que la integración total dentro del grupo permitirá acelerar la expansión internacional del negocio. Sin embargo, la operación simboliza también cómo una de las grandes marcas del sector vitivinícola español abandona definitivamente el control nacional.
El grupo Henkell Freixenet registró en 2024 una facturación de 1.250 millones de euros, lo que supuso un crecimiento moderado del 1,5% respecto al ejercicio anterior. Dentro del conglomerado, Freixenet es la marca más relevante y lidera la comercialización de cava en más de un centenar de países.
Además del espumoso catalán, la compañía alemana comercializa otras bebidas como el prosecco Mionetto, los espumosos Henkell, el champán Alfred Gratien, el licor de coco Mangaroca o los vinos Heart. Con la compra total de Freixenet, el grupo refuerza su posición en el mercado mundial de los vinos espumosos mientras España pierde el control de otro de sus grandes nombres históricos del sector.