La crisis migratoria de Ceuta empieza a dejar también consecuencias en el mercado laboral de la ciudad. Inmigrantes en situación ilegal están siendo contratados de manera en obras, comercios y pequeños negocios, alimentando una bolsa de mano de obra barata y sin cobertura laboral tras la entrada masiva registrada a finales de julio.
La Policía Nacional, la Guardia Civil y la Policía Local realizaron este martes una operación conjunta en una peluquería de la barriada de Zurrón, donde comprobaron que varias personas trabajaban sin la documentación necesaria para poder hacerlo legalmente en España.
La intervención terminó con dos detenidos, a quienes se abrieron expedientes administrativos y una propuesta de expulsión. El propietario del establecimiento ni siquiera se encontraba en el local y, según la información disponible, pesa sobre él una orden de busca y captura. Los controles se extendieron después a otro comercio del centro de Ceuta, donde fue localizado un tercer inmigrante en situación ilegal.
«Se conforman con 50 euros por jornada»
La proliferación de empleos clandestinos no se limita a establecimientos comerciales. Muchos de los inmigrantes que permanecen en Ceuta después de la entrada masiva se ofrecen actualmente como pintores, carpinteros, electricistas, montadores, albañiles o barberos a través de grupos de Facebook y anuncios particulares.
Fuentes de la Policía Local citadas por Vozpópuli describen un fenómeno que empieza a extenderse por distintos barrios: «Vienen muchos que saben de la materia, trabajan bien y se conforman tan poco como 50 euros por la jornada trabajada».
La llegada de miles de personas ha ampliado así de forma repentina la oferta de mano de obra barata e irregular, con el consiguiente riesgo de competencia desleal para autónomos y empresas que sí pagan cotizaciones, impuestos y salarios conforme a la legislación española. Muchos de estos trabajos son pequeñas reformas y reparaciones particulares que anteriormente realizaban profesionales establecidos en la ciudad.
Materiales agotados durante varios días
El incremento de las obras clandestinas ha llegado incluso a tener efectos sobre el suministro de materiales de construcción. En zonas como Loma Colmenar, vecinos y empresarios han detectado durante las últimas semanas un trasiego constante de camionetas que entraban y salían de almacenes cargadas de cemento, mortero, pladur, escayola y ladrillos.
El secretario general de la Confederación de Empresarios de Ceuta, Juan Manuel Parrado, asegura que durante dos días los establecimientos de materiales de construcción llegaron a quedarse sin existencias. «A raíz de eso, constatamos que se estaba contratando mano de obra ilegal para hacer obras particulares en distintos barrios», explica.
La patronal advierte además de las consecuencias de esta situación tanto para la competencia empresarial como para la seguridad de personas que trabajan sin contrato, seguro ni protección laboral. Parrado reclama que las inspecciones concentren sus esfuerzos precisamente en las actuaciones ilegales y no únicamente en obras que cuentan con licencia y empresas identificadas.
«Duermo en la calle y trabajo al mismo tiempo»
La situación también refleja las condiciones en las que viven muchos de los inmigrantes que permanecen fuera de los centros habilitados por la Administración.
Bilal, un ciudadano marroquí que asegura estar licenciado en contabilidad financiera, cruzó desde Castillejos y actualmente ofrece servicios de peluquería por cinco euros, muy por debajo de los precios habituales de los establecimientos de Ceuta.
«Dormimos en la calle y al mismo tiempo trabajo; esto es muy difícil», explica. Afirma que ha intentado acceder a los campamentos de acogida, pero que se encuentran llenos.
El caso muestra otra de las derivadas de una entrada masiva que ha desbordado durante semanas los recursos asistenciales disponibles: miles de personas buscan ahora ingresos mientras carecen de autorización para trabajar legalmente en España.
La cifra de inmigrantes que permanecen en Ceuta ha variado considerablemente durante las últimas semanas. Según las estimaciones recogidas por Vozpópuli, inicialmente se calculó que quedaban unas 5.000 personas, aunque posteriormente esa estimación habría aumentado hasta aproximadamente 10.000.