
Nueva estafa del Partido Popular. En esta ocasión, mientras Alberto Núñez Feijoo ha convocado a sus bases a una manifestación este domingo en Madrid supuestamente contra la corrupción del PSOE, el propio líder popular se prepara para compartir mesa de tertulia, apenas unos días después, con Emiliano García-Page, uno de los principales barones socialistas.
El contraste no ha pasado desapercibido para muchos votantes y analistas. El domingo, el PP llama a la movilización «en defensa de España» contra el Gobierno de Pedro Sánchez por el caso Ábalos; el miércoles, Feijoo debatirá con uno de los máximos representantes territoriales del mismo partido al que presenta como una amenaza para la democracia. Entre una escena y otra apenas median 72 horas.
La incoherencia política se agrava en el plano europeo. Mientras en Madrid el Partido Popular se disfraza de principal dique frente al socialismo, en Bruselas sigue votando, pactando y compartiendo decisiones clave con los socialistas europeos, incluso en asuntos tan sensibles como el acuerdo agrícola con Marruecos, que perjudica directamente a los agricultores españoles. Allí, el PP actúa como socio fiable del mismo bloque al que demoniza en las calles.
El propio lema de la concentración, «¿Mafia o democracia?», choca frontalmente con esta doble estrategia. El mensaje que se lanza a los manifestantes es de ruptura total con el PSOE, mientras que la práctica real es la de convivencia política, pactos institucionales y normalización de relaciones tanto en España como en la Unión Europea.
Además, el acto del domingo ni siquiera tendrá formato de manifestación al uso. Se trata de una concentración estática en el Templo de Debod, sin recorrido, sin presión real en la calle y sin consecuencias políticas tangibles. Un gesto simbólico que sirve para calentar a la militancia sin incomodar en exceso a los mismos actores con los que luego se negocia.
La imagen de Feijoo alternando el discurso de confrontación con la escenificación de diálogo con el PSOE refuerza una sensación cada vez más extendida: el PP instrumentaliza la indignación social cuando le conviene, pero mantiene intactos los puentes con el socialismo cuando los intereses de partido así lo exigen.
Para una parte del electorado conservador, esta doble cara empieza a resultar difícil de digerir. Manifestarse contra el PSOE un domingo, tertuliar con él el miércoles y pactar con él en Bruselas mientras tanto dibuja un escenario que muchos ya califican abiertamente como una operación de marketing político más que una oposición real.