El Sistema Nacional de Salud vuelve a mostrar síntomas de agotamiento. La falta de enfermeras, la precariedad laboral y la sobrecarga asistencial están empujando cada vez a más profesionales a buscar futuro fuera de España.
Según los últimos datos del Consejo General de Enfermería, en 2025 un total de 1.356 enfermeras solicitaron el certificado de buena conducta, un documento necesario para poder trabajar en otros países. La cifra supone un aumento de casi el 20% respecto a 2024, cuando se registraron 1.134 peticiones.
El dato confirma una tendencia preocupante: España forma enfermeras altamente cualificadas, pero no logra retenerlas por las condiciones laborales que ofrece su propio sistema sanitario.
El presidente del Consejo General de Enfermería, Florentino Pérez Raya, ha advertido de que España atraviesa un «momento crítico para el Sistema Nacional de Salud» y ha reclamado al Ministerio de Sanidad y a las comunidades autónomas que actúen para frenar la fuga de profesionales, según recoge El Debate.
Pérez Raya ha denunciado que el colectivo lleva años alertando de esta situación sin que los responsables políticos hayan puesto soluciones reales. A su juicio, cada vez más enfermeras se marchan en busca de mejores oportunidades laborales, empujadas por la temporalidad, la inestabilidad y la presión asistencial.
El presidente del Consejo ha calificado de «dramático» que las universidades españolas formen cada año a miles de enfermeras que después se ven obligadas a abandonar el país por las malas condiciones que encuentran en el sistema sanitario nacional.
El déficit de enfermeras en España sigue siendo muy elevado. Actualmente hay 6,45 enfermeras por cada 1.000 habitantes, una cifra muy inferior a la media europea, situada en 8,12 enfermeras.
Esta brecha se traduce en plantillas tensionadas, mayor carga de trabajo y más dificultades para garantizar una atención sanitaria de calidad. El problema se agrava cuando parte de las profesionales formadas en España optan directamente por emigrar al terminar sus estudios.
Las enfermeras españolas están muy valoradas en el extranjero por su alto nivel de formación. Países como Noruega, Estados Unidos, Suiza e Irlanda figuran entre los destinos que más demandan profesionales españolas.
Por comunidades autónomas, Cataluña encabeza la lista de solicitudes para salir al extranjero, con 271 peticiones. Le siguen Madrid, con 225, y la Comunidad Valenciana, con 217.
Por detrás se sitúan Andalucía, con 149; Canarias, con 108; País Vasco, con 73; Islas Baleares, con 48; Galicia, con 45; Castilla-La Mancha, con 36; Aragón, con 31; Murcia, con 29; Castilla y León, con 27; Navarra, con 22; y Asturias, con 16.
Cierran la lista La Rioja, con 7; Cantabria, con 6; Extremadura, con 5; Ceuta, con 3; y Melilla, con 2.
El Consejo General de Enfermería denuncia que España no puede permitirse perder profesionales con una de las mejores formaciones del mundo por falta de políticas eficaces de retención.
La situación revela una contradicción de fondo: el país invierte recursos públicos en formar enfermeras, pero después las empuja a marcharse por contratos temporales, salarios poco competitivos y una carga laboral cada vez más difícil de sostener.
La fuga de enfermeras no es sólo un problema laboral. Es una amenaza directa para la calidad del sistema sanitario y para la atención que reciben millones de españoles.