LOS HOSTELEROS DENUNCIAN ABANDONO Y FALTA DE SEGURIDAD
La invasión migratoria golpea a la hostelería de Ceuta: bares pierden la mitad de sus clientes y denuncian excrementos en sus puertas
La invasión migratoria golpea a la hostelería de Ceuta: bares pierden la mitad de sus clientes y denuncian excrementos en sus puertas
Foto de archivo de excremento en la vía pública en Talavera. Europa Press.
Por LGI
24 de agosto de 2026

La crisis migratoria que atraviesa Ceuta tras la entrada de decenas de miles de inmigrantes ha comenzado a golpear con fuerza a uno de los principales motores económicos de la ciudad: la hostelería. Propietarios de bares y restaurantes denuncian una caída de hasta el 50% de la clientela, problemas de seguridad y suciedad en las inmediaciones de sus establecimientos.

Más de dos semanas después de la llegada masiva de inmigrantes a la ciudad autónoma, algunos empresarios aseguran encontrarse en una situación incluso peor que durante la pandemia. La cancelación de la feria, la pérdida de actividad y el temor de parte de los vecinos a salir por la noche han agravado todavía más el golpe.

Una de las afectadas es Gema Molina, propietaria del restaurante El Capote, situado en el centro de Ceuta. Lleva 15 años al frente del establecimiento y asegura no haber vivido una situación económica comparable. «Estamos peor que en pandemia», resume la hostelera, que recuerda que durante la crisis sanitaria existieron ayudas públicas para sostener a los negocios. Ahora, denuncia, los empresarios se sienten abandonados.

Restaurantes con la mitad de clientes

Molina forma parte de un grupo de empresarios de la hostelería en el que los propietarios han ido compartiendo las pérdidas sufridas desde el comienzo de la crisis. Según su estimación, las pérdidas acumuladas entre los establecimientos que conoce ya superan los 100.000 euros.

La principal razón es el desplome de la clientela. Muchos vecinos han reducido sus salidas a restaurantes y bares, especialmente durante la noche, ante la inseguridad que aseguran percibir en determinadas zonas de la ciudad.

La hostelera sostiene que algunos locales han sufrido incidentes en sus terrazas y relata que grupos de inmigrantes entran en establecimientos para pedir comida o bebida y, en determinados casos, increpan a los clientes hasta conseguir algo.

La empresaria insiste en que no se opone a la inmigración y recuerda que durante años ha contratado y ayudado a trabajadores extranjeros a regularizar su documentación. Su denuncia, explica, se centra en las consecuencias que está teniendo la actual situación sobre la convivencia y los negocios.

Bolsas con excrementos y orines junto a los negocios

Los problemas no terminan con la caída de la facturación. Molina afirma haberse encontrado en varias ocasiones bolsas con excrementos humanos en el exterior de su restaurante, además de numerosos restos de orina que los propios trabajadores deben limpiar antes de abrir el negocio, según relata a El Español. También asegura haber presenciado a personas haciendo sus necesidades en plena calle frente a establecimientos y viviendas.

La propietaria no atribuye necesariamente estos episodios a una estrategia de intimidación, pero advierte del evidente efecto que tienen sobre la actividad hostelera: pocos clientes, sostiene, están dispuestos a entrar en un restaurante cuyo acceso presenta esas condiciones.

Algunos establecimientos adelantan el cierre

La situación se complica especialmente al caer la noche. Según el testimonio recogido por El Español, varios establecimientos han comenzado a cerrar antes de su horario habitual por temor a incidentes. Durante el día la presión en los restaurantes sería menor, pero los empresarios aseguran que la situación cambia durante las horas nocturnas.

Molina sostiene que ha observado peleas con palos y que algunos inmigrantes duermen en las puertas de negocios y portales de edificios. La hostelera relata que su propio marido intentó en una ocasión pedir a una persona que dormía frente a un establecimiento que se desplazara, pero fue increpado y el individuo se negó a abandonar el lugar.

Su hija, rodeada por una decena de inmigrantes

La empresaria también ha relatado un episodio sufrido por su hija, que trabaja como vigilante de seguridad. Según su testimonio, alrededor de diez inmigrantes la rodearon mientras trabajaba, comenzaron a decirle que era guapa y le pidieron dinero y comida.

La joven explicó posteriormente a su madre que se había sentido «como un trozo de carne», según el relato de Molina. El episodio se suma al temor que numerosos hosteleros dicen percibir entre sus clientes y trabajadores tras la crisis desatada en la ciudad autónoma.

«Nos han abandonado»

Entre los empresarios crece además la sensación de que las administraciones no están ofreciendo una respuesta suficiente a las consecuencias económicas y de seguridad que está dejando la crisis.

Los hosteleros denuncian que mientras sus ingresos se desploman deben continuar afrontando alquileres, salarios, suministros e impuestos sin conocer cuánto tiempo se prolongará la situación.

Molina acusa directamente a las autoridades de intentar proyectar una imagen de normalidad que, sostiene, no coincide con lo que viven diariamente los residentes. «Nos han abandonado», sentencia la propietaria de El Capote.

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