El PSOE ha dado un paso más, y muy significativo, en el proceso de disolución de la nación española en el que se embarcó tanto en la Presidencia de José Luis Rodríguez Zapatero como ahora con Pedro Sánchez. Ha dado el visto bueno a la tramitación de una ley de «plurilingüismo» impulsada por la mayoría de los grupos separatistas y de extrema izquierda, aceptando así profundizar en la deriva de disolución nacional a cambio de apoyo para seguir en el poder.
La proposición de ley está firmada por diputados de los grupos parlamentarios de ERC, Bildu, PNV, Mixto (el del BNG y una de Compromís) y Sumar, y pretende acabar con lo que llama «monolingüismo» en las instituciones centrales del Estado.
La propuesta legislativa es una «auténtica aberración» —en palabras del grupo parlamentario VOX— y equivale a dejar de considerar el español como única lengua oficial de todo el Estado. Elimina la necesidad de su utilización de numerosos ámbitos de la documentación y del espacio público en beneficio de las lenguas regionales. Impone el conocimiento de estas últimas en los distintos cuerpos nacionales de funcionarios hasta el extremo de que en la práctica pierdan ese carácter nacional y nadie del resto de España sea destinado a las regiones bilingües. Expulsa definitivamente al español de la condición de lengua vehicular de la enseñanza, y pretende que todos los textos normativos se redacten en lenguas regionales con el mismo valor jurídico que la versión española.
«Consagra una mutación constitucional que hace de España un Estado multinacional, llevándonos a un cambio de régimen sin cumplir los requisitos de la modificación de la Constitución. La disolución nacional de los separatistas y la disolución social de la izquierda, más que nunca en perfecta simbiosis», aseveran fuentes de VOX en declaraciones a LA GACETA.