Un informe oficial del Gobierno de Navarra ha desvelado las condiciones de vida en un centro de menores ubicado en Gorraiz que se aleja del modelo habitual de recurso residencial. La inspección, realizada en un chalet unifamiliar destinado a acoger a seis menores —tres chicos y tres chicas de entre 16 y 17 años—, dibuja un entorno con amplias comodidades tanto en el interior como en el exterior de la vivienda, según ha avanzado Navarra.com.
El inmueble, distribuido en varias plantas y con diferentes espacios comunes, dispone de habitaciones individuales que los propios residentes pueden adaptar a su gusto. Estas estancias cuentan con mobiliario básico y permiten cierto grado de personalización, aunque en algunos casos se han retirado elementos como mesas o sillas por motivos de conducta. Aun así, el centro ofrece alternativas para el estudio en otras zonas de la casa.
En el exterior, la vivienda cuenta con jardín, piscina y un pequeño huerto en el que los menores participan de forma activa, especialmente durante los meses de verano. Estos espacios se suman a una organización interna que incluye tareas domésticas compartidas, desde la limpieza de habitaciones hasta la colaboración en el mantenimiento de zonas comunes o el uso de electrodomésticos.
El acceso a tecnología es otro de los aspectos que destaca en el informe. Los menores disponen de conexión wifi diferenciada, además de dispositivos como tablets, ordenadores portátiles y consolas de videojuegos. También tienen acceso a plataformas de entretenimiento digital. En caso de no contar con teléfono móvil propio, el centro facilita uno al ingresar, y existe además un dispositivo de uso común para realizar llamadas, incluidas comunicaciones internacionales.
Precisamente este último punto ha llamado la atención dentro del contenido del documento, ya que se recoge la posibilidad de contactar con sus países de origen, sin que se detallen las circunstancias concretas de esas comunicaciones. Todo ello forma parte de un entorno en el que el ocio digital y la conectividad están plenamente integrados en la rutina diaria.
La alimentación también está externalizada. Los menús son diseñados con antelación y preparados fuera del centro, llegando diariamente en recipientes cerrados. Se contemplan necesidades específicas como alergias o dietas concretas, y se permite repetir raciones. Los propios menores han valorado de forma positiva la calidad de la comida en comparación con otros recursos en los que han estado.
En cuanto a la organización del día a día, el centro incorpora reuniones semanales en las que se abordan cuestiones de convivencia y planificación de actividades. Además, aquellos que no participan en formación reglada cuentan con espacios de apoyo educativo donde también intervienen en la programación de su rutina.
Las salidas al exterior se realizan de manera acompañada por personal educativo, una medida introducida tras evaluar la necesidad de reducir tensiones y prevenir posibles fugas. Al mismo tiempo, se regula la intimidad de los residentes mediante habitaciones con cerradura, aunque accesibles para el equipo en caso necesario.
El retrato que deja la inspección es el de un recurso residencial con un nivel de equipamiento elevado, que combina supervisión educativa con un entorno material amplio: dispositivos electrónicos, espacios exteriores cuidados, alimentación organizada y una estructura que busca equilibrar convivencia, autonomía y control.