Las alertas por la presencia de Phyllosticta citricarpa, el hongo que provoca la temida mancha negra de los cítricos, se han disparado en las importaciones procedentes de Sudáfrica, principal suministrador de cítricos para España, según recoge El Debate.
Según los datos del Sistema de alerta rápida para alimentos y piensos de la Comisión Europea, hasta junio se han detectado ocho envíos de limones y pomelos sudafricanos infectados, lo que supone un aumento del 600% respecto al mismo periodo de 2025.
El dato ha encendido todas las alarmas entre los agricultores españoles, que reclaman a Bruselas y al Ministerio de Agricultura más controles en frontera, inspecciones reforzadas y restricciones temporales si el riesgo fitosanitario continúa aumentando.
La organización agraria La Unió ha denunciado que siete de los ocho rechazos a envíos sudafricanos se produjeron en junio y otro en abril. También durante junio se detectaron dos casos de Phyllosticta en cítricos procedentes de Esuatini, país vecino de Sudáfrica, y otro caso en Argentina.
En total, las intercepciones de mancha negra se han duplicado respecto a junio de 2025, al pasar de cinco a diez. Los agricultores advierten de que la entrada de esta enfermedad en la Unión Europea supondría un golpe devastador para la citricultura española, especialmente en regiones como la Comunidad Valenciana, Murcia y Andalucía.
La mancha negra es una enfermedad fúngica que afecta a los cítricos y que hasta ahora no está implantada en la Unión Europea. Su introducción podría provocar enormes pérdidas económicas, restricciones comerciales y un deterioro grave de la producción.
La preocupación aumenta porque las detecciones se producen cuando Sudáfrica apenas ha comenzado su campaña de exportación. El presidente de Ava-Asaja, Cristóbal Aguado, ha calificado el nivel de detecciones de «escandaloso» y ha advertido de que la Unión Europea no debe tolerar un riesgo fitosanitario de esta magnitud.
Los agricultores denuncian desde hace años la contradicción de la política agraria europea: Bruselas impone cada vez más restricciones a los productores españoles, limita el uso de fitosanitarios y endurece las exigencias ambientales, mientras permite la entrada de productos de terceros países con controles insuficientes.
Aguado ha reclamado a los políticos «menos concesiones y más controles, menos plagas y más seguridad fitosanitaria». El dirigente agrario ha advertido de que la UE no puede seguir favoreciendo la entrada de plagas citrícolas mientras reduce las herramientas disponibles para que los agricultores europeos puedan defender sus cultivos.
La Unió ya había solicitado en mayo a la Comisión Europea y al Ministerio de Agricultura un refuerzo de los controles sobre las importaciones de cítricos procedentes de Sudáfrica, después de las graves inundaciones que afectaron a zonas productoras del país africano y que podían favorecer el desarrollo de enfermedades fúngicas.
El secretario general de La Unió, Carles Peris, sostiene que los hechos han dado la razón a los agricultores. «Ante circunstancias extraordinarias que pueden incrementar el riesgo fitosanitario, la obligación de las autoridades europeas es reforzar la vigilancia y no actuar como si no hubiera pasado nada», ha señalado.
Peris reclama más controles fitosanitarios en frontera, un aumento de inspecciones y muestreos específicos sobre mancha negra, la aplicación efectiva del principio de precaución y medidas adicionales de restricción temporal si las circunstancias lo exigen.
Ava-Asaja también alerta de las nuevas interceptaciones de plagas y enfermedades procedentes de países del Mercosur. Argentina registró en junio cuatro detecciones: tres de cancro bacteriano de los cítricos y una de mancha negra en limones. Brasil sumó otra interceptación por cancro bacteriano en limas.
El aumento de estos casos refuerza las críticas del campo español a los acuerdos comerciales y a las importaciones de terceros países que no soportan las mismas exigencias que los productores europeos.
La crisis de los cítricos vuelve a mostrar el coste real de una política comercial y agraria que exige sacrificios al productor nacional mientras abre la puerta a mercancías procedentes de países con estándares distintos. El campo español denuncia que esta combinación es letal: más burocracia, menos fitosanitarios, competencia exterior creciente y riesgo de entrada de plagas que podrían destruir parte de la producción nacional.