
La playa de Benítez ha dejado de ser un desbordamiento puntual del Trampolín. Fuentes de la Policía Nacional consultadas en exclusiva por LA GACETA sitúan ya en torno a 700 los invasores instalados sobre su arena y el área de escolleras de la desaladora de Ceuta. El arenal, separado del Trampolín por la planta desaladora, funciona como un segundo poblado. Chabolas de cañas, cartones y telas, uso de las duchas públicas y un ir y venir constante de materiales para levantar nuevas estructuras. Lo que hace unos días eran un centenar de refugios improvisados se ha consolidado.
Los vecinos de la zona, consultados por este medio, describen un cambio brusco en su día a día. Ya no son sólo los residentes del Trampolín y de su tramo final quienes conviven con el asentamiento. Quienes viven cerca de Benítez detectan altercados frecuentes, peleas entre ocupantes y ruidos que se alargan de madrugada. «No se puede descansar», resumen varios. Temen que Benítez se amplíe hacia la playa o el área limítrofe que todavía permanece más despejada y que la ocupación en esta zona supere incluso la que ya concentra el Trampolín.
Esa playa, de unos 900 metros, está adosada al muelle de Poniente y era una de las más concurridas de la bahía norte. Ahora la curva de Benítez, las escolleras y el perímetro inmediato de la desaladora aparecen tomados. Algunas construcciones están a pocos metros de la orilla; otras forman una segunda línea. La proximidad a las duchas y al punto de reparto de Cruz Roja ha acelerado el traslado de ocupantes desde otros puntos de la ciudad. Los vecinos reclaman el desalojo urgente por el riesgo para una infraestructura crítica de agua potable junto a los residuos que estos asentamientos generan, pero el campamento sigue creciendo.
La preocupación vecinal se apoya en lo que ya ocurrió a pocos metros. El Trampolín pasó de campamento improvisado a poblado estable con miles de invasores, servicios improvisados y una franja que se alargó hacia la carretera de Benzú y la parte trasera de la desaladora. Fuentes policiales de este diario cifraron entonces en más de 5.000 los ocupantes sobre esa arena. Si Benítez sigue el mismo camino y el asentamiento avanza hacia las zonas aún libres del litoral, los vecinos temen que el conjunto Trampolín-Benítez y playas adyacentes termine albergando alrededor de 6.000 invasores.
Ese escenario, dicen, no es una hipótesis lejana. Ante la inacción del Gobierno central y del Ejecutivo autonómico, interpretan que no hay voluntad de cortar la expansión. Cada día que pasa sin desalojo efectivo se traduce en más lonas, más gente y más fricción con quienes viven a escasos metros. Los altercados no se limitan al interior del campamento, sino que afectan al descanso, a la seguridad y al uso de un espacio que hasta julio era playa urbana, no asentamiento permanente.