más del 70% lo aportan inmigrantes procedentes de regiones con escasos recursos
La presión migratoria dispara la demanda de vivienda y lleva a España a niveles de hacinamiento previos a la burbuja
La presión migratoria dispara la demanda de vivienda y lleva a España a niveles de hacinamiento previos a la burbuja
Viviendas en alquiler. Europa Press
Por LGI
15 de noviembre de 2025

El mercado inmobiliario encadena años de subidas y muchos justifican este fenómeno por el crecimiento poblacional. Sin embargo, los datos oficiales muestran un factor decisivo: la llegada masiva de inmigrantes en la última década.

Entre 2014 y 2024, España ha sumado 2,12 millones de nuevos residentes. Pero el dato clave es otro: más del 70% de ese aumento lo aportan inmigrantes procedentes de regiones con escasos recursos, según el INE. Un volumen que sostiene artificialmente la demanda y que, al mismo tiempo, revela su enorme fragilidad.

El Banco de España calcula que el país necesitaría entre 550.000 y 600.000 hogares nuevos para absorber el crecimiento demográfico. Sin esa oferta, los precios se han disparado. Pero la base de esa demanda presenta un talón de Aquiles evidente: la mayoría no tiene capacidad real para afrontar los precios actuales.

Más de 1,5 millones de los nuevos residentes proceden de África, Asia, Centroamérica, Caribe y Sudamérica. Colombia encabeza el salto, con 578.447 ciudadanos, cuando hace diez años apenas superaba los 172.000. Venezuela pasa de 42.689 a 325.254 residentes. Marruecos, aunque ya era el país más numeroso, sólo suma 184.907 personas más en la última década. La población ucraniana crece en 127.659 hasta alcanzar los 210.000.

Esta estructura demográfica provoca un escenario que recuerda a la etapa previa a la crisis subprime, detalla El Confidencial: una demanda creciente formada mayoritariamente por personas con bajos recursos, incapaces de soportar la tensión de precios. La diferencia es que hoy los bancos centrales mantienen un control estricto y frenan las hipotecas de riesgo, pero la presión sobre el mercado del alquiler aumenta sin freno.

El resultado ya se nota en la calle. Con créditos inaccesibles y alquileres desorbitados, muchos inmigrantes recurren a habitaciones o pisos patera, lo que impulsa niveles de hacinamiento que España no sufría desde la burbuja inmobiliaria. Eurostat confirma que el 9,1% de la población vivía en hacinamiento en 2024, un total de 4,4 millones de personas, la cifra más alta desde 2004.

Mientras tanto, el peso demográfico de países con mayor capacidad adquisitiva es mínimo. Los españoles solo han aumentado en 298.000 personas, cifra que incluye un número considerable de nacionalizados, ya que desde 2017 se registran más muertes que nacimientos. Los países de la Unión Europea apenas aportan 41.577 residentes adicionales en diez años. El bloque norteamericano tampoco compensa ese desequilibrio: Canadá, Estados Unidos y México apenas suman 93.465 residentes.

En paralelo, el acceso a la vivienda se ha convertido en un detonante de exclusión social. Cáritas lo advertía en su último informe: la vivienda pesa ya más que los propios ingresos en la fractura social, en un país donde el 10% más rico concentra el 54% del patrimonio y la mitad de la población apenas posee el 7%.

España sostiene hoy su mercado inmobiliario sobre una demanda estructuralmente débil, impulsada por la llegada masiva de inmigrantes sin capacidad adquisitiva y atrapada entre alquileres desbordados y un parque de vivienda insuficiente. Un modelo que reproduce dinámicas subprime y que amenaza con romper la cohesión social.

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