
España observa en los últimos meses un nuevo y preocupante patrón dentro de la inmigración ilegal: adultos que aterrizan en el país como simples turistas, acompañados de sus hijos, para después dejarlos abandonados y asegurarse de que la administración los incorpore al sistema de tutela. Lo que comenzó detectándose en territorios como el País Vasco o Baleares empieza ahora a aparecer también en la Comunidad de Madrid.
En la región comienzan a asomar casos aislados que muestran cómo esta técnica, ya asentada en otros puntos de España, se abre paso en el centro del país. El procedimiento siempre es el mismo. Familias que llegan a España sin intención de regresar y que utilizan a los menores como llave para establecerse a largo plazo.
El fenómeno incluye, además, a los llamados «inmigrantes Erasmus«: menores enviados expresamente por sus propios padres pese a no sufrir ningún tipo de carencia económica. El objetivo es que sea el Estado quien asuma su manutención mientras la familia permanece en el país de origen, a la espera de que el efecto llamada dé sus frutos.
El mecanismo funciona porque la tutela pública otorga al menor un permiso de residencia temporal. Cuando alcanza la mayoría de edad, intenta renovarlo y, si lo consigue, la ley de extranjería habilita el proceso de reagrupación familiar. Es decir: tras abandonar al niño en España, la familia dispone de una vía para instalarse legalmente más adelante. Lo que empieza como un abandono calculado termina convirtiéndose en una puerta de entrada permanente.