
La Universidad de Sevilla ha incluido un menú específico para musulmanes en el pliego del contrato del Servicio de Cafetería y Comedor Universitario del Campus Perdigones. El documento contempla que esta dieta especial excluya el cerdo y pueda incorporar alimentos halal, es decir, productos preparados conforme a las normas alimentarias islámicas.
Según el Pliego de Prescripciones Técnicas del contrato, al que ha tenido acceso El Debate, el menú para musulmanes «además de excluir el cerdo, contemplará la posibilidad de incluir alimentos Halal si existen para ello condiciones técnicas y de adquisición de estos productos».
La medida supone un nuevo ejemplo de cómo las instituciones públicas españolas incorporan criterios religiosos específicos en servicios financiados o regulados desde el ámbito público.
El pliego incluye el menú halal dentro del apartado de dietas especiales. El texto establece que este tipo de dietas deben ser correctas desde el punto de vista nutricional, pero también variadas, evitando la repetición monótona de platos.
Asimismo, el documento señala que, en determinados casos, se podrá recurrir a alimentos propios de cada dieta especial, como pan para celíacos, leche de soja para intolerantes a la lactosa o productos específicos para dietas vegetarianas. En esa misma lógica, la Universidad de Sevilla abre la puerta a incorporar alimentos halal para estudiantes musulmanes.
La diferencia, sin embargo, es evidente: mientras algunas dietas responden a necesidades médicas o alimentarias, el menú halal obedece a una prescripción religiosa.
Cuando el comedor universitario elabore una dieta especial concreta, como la halal, la empresa adjudicataria deberá remitirla al responsable del contrato. La dieta tendrá que estar valorada y cumplir las normas del protocolo nutricional aplicables. Además, deberá ir acompañada de un cuadro resumen con sus características.
Esto implica que la adaptación religiosa no queda como una decisión informal del comedor, sino incorporada al propio sistema de control del contrato público. La universidad no se limita a permitir que quien no quiera comer cerdo elija otra opción. El pliego contempla expresamente la posibilidad de diseñar un menú ajustado a los criterios halal.
La noticia llega después de que el Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030 también incluyera menús halal en un centro para jóvenes. Según publicó El Debate, el pliego del contrato del Centro Eurolatinoamericano de Juventud, situado en Mollina, Málaga, recogía platos sin cerdo y elaborados conforme al rito halal.
Ese centro, concebido para encuentros de jóvenes de España, Europa e Iberoamérica, contemplaba tres tipos de menús halal. Uno de ellos debía realizarse «escrupulosamente siguiendo las indicaciones de la dieta halal» y utilizando productos adecuados conforme a las exigencias de dicha alimentación religiosa. El caso de la Universidad de Sevilla confirma que esta tendencia no se limita a un episodio aislado.
La creación de menús adaptados al islam en universidades y centros públicos abre un debate que va mucho más allá de la comida. La cuestión no es si un alumno musulmán puede evitar comer cerdo. Eso ya es posible en cualquier comedor con una mínima variedad de platos.
El problema aparece cuando una institución pública incorpora de forma expresa una categoría religiosa concreta en sus contratos y adapta su oferta alimentaria a las normas de una confesión. España es un país aconfesional. Sus instituciones no deberían organizar servicios públicos conforme a exigencias religiosas particulares, sean islámicas o de cualquier otra confesión.
La neutralidad del Estado exige respeto a la libertad religiosa, pero no sumisión administrativa a códigos religiosos.