«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
la avería del sistema de seguridad LZB se produjo alrededor de las 08:32 horas

Los 17 minutos en los que nadie en el centro de control vio que el AVE se dirigía a un choque con el Iryo en Urda (Toledo)

Accidente en Urda (Toledo). Europa Press

Diecisiete minutos transcurrieron entre la autorización para reanudar la marcha del AVE de Renfe y el accidente ferroviario registrado este miércoles en Urda (Toledo). Durante ese intervalo, el convoy avanzó hacia otro tren de alta velocidad que permanecía detenido en la misma vía, sin que el centro de control de Adif en Atocha corrigiera la orden que había permitido continuar la circulación.

El ministro de Transportes, Óscar Puente, ha reconocido durante su comparecencia de este miércoles que desde el centro de control se dio una autorización que ha calificado de «inexplicable», ya que el sistema automático de seguridad estaba fuera de servicio y existía una señal roja que impedía reanudar la marcha en condiciones normales.

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Según la reconstrucción facilitada por el Ministerio de Transportes, la avería del sistema de seguridad LZB se produjo alrededor de las 8.32 horas, lo que provocó la detención automática de seis convoyes que circulaban por un tramo de la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla.

El LZB es el mecanismo encargado de supervisar de forma continua la circulación ferroviaria y actuar sobre el frenado de los trenes cuando detecta determinadas situaciones de riesgo. Su fallo obligó a intervenir a los operadores del centro de control de Adif, responsables de gestionar el tráfico mientras permanecía interrumpido el funcionamiento ordinario del sistema.

Unos ocho minutos después de detectarse la incidencia, desde Atocha se autorizó la reanudación de la circulación. Sin embargo, según las fuentes ministeriales citadas por Europa Press, la orden contravenía los procedimientos de seguridad, que exigían circular bajo la modalidad de «marcha a la vista».

Este procedimiento establece una limitación máxima de 40 kilómetros por hora y obliga al maquinista a mantener una velocidad que le permita detener el tren ante cualquier obstáculo presente en la vía.

Pese a estas condiciones, el AVE recibió autorización para continuar su recorrido sin que se le comunicara la restricción correspondiente. El tren comenzó a avanzar mientras el Iryo que circulaba por delante permanecía detenido por causas que todavía están siendo investigadas.

La autorización no fue rectificada durante los minutos posteriores, a pesar de que el convoy de Renfe recorrió aproximadamente 25 kilómetros antes de alcanzar al otro tren. Según la explicación ofrecida por Puente, el centro de control dispuso de tiempo suficiente para detectar y corregir la decisión inicial.

El ministro ha señalado que el AVE podría haber alcanzado los 200 kilómetros por hora antes del impacto, aunque las investigaciones deberán determinar con precisión la velocidad de circulación y la secuencia de los acontecimientos.

Finalmente, alrededor de las 8.53 horas, el tren de Renfe colisionó por detrás con el Iryo en el punto kilométrico 118 de la línea Madrid-Sevilla, en las proximidades de Urda. La violencia del choque provocó el descarrilamiento de varios vagones, algunos de los cuales se precipitaron por un terraplén.

La investigación apunta ahora a la decisión adoptada por los operadores del centro de control de Adif y a los mecanismos de supervisión que deberían haber permitido detectar el riesgo de colisión.

Puente ha explicado que el trabajador que autorizó la marcha tenía experiencia y contaba con el apoyo de un auxiliar. Pese a ello, el ministro considera que la decisión de permitir la circulación en aquellas circunstancias resulta difícil de explicar.

«Se da una orden para que reanude la marcha, una decisión errónea», ha manifestado el titular de Transportes, que ha insistido en que la autorización no fue corregida posteriormente.

Las declaraciones del ministro llegan después de que diversos sindicatos ferroviarios denunciaran durante los últimos meses problemas relacionados con la sobrecarga de trabajo, los turnos prolongados y las necesidades de mantenimiento en Adif. No obstante, por el momento no se ha demostrado que estas circunstancias estuvieran presentes en el puesto de control implicado en el accidente ni que contribuyeran a la colisión.

Óscar Puente ha descartado presentar su dimisión tras el siniestro. Preguntado por sus responsabilidades, ha señalado que en estos momentos está centrado en esclarecer lo ocurrido y atender las consecuencias de la tragedia.

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