El terreno ocupado también se ha convertido en objeto de transacciones
Los invasores crean una ciudad paralela en la playa del Trampolín de Ceuta con supermercados, peluquerías y venta de ropa
Los invasores crean una ciudad paralela en la playa del Trampolín de Ceuta con supermercados, peluquerías y venta de ropa
Playa de El Trampolín. Redes sociales
Por LGI
22 de septiembre de 2026

Casi dos meses después de la entrada masiva de inmigrantes ilegales en Ceuta, la playa del Trampolín continúa ocupada por un extenso asentamiento en el que, además de las chabolas utilizadas para dormir, ha surgido toda una economía informal. Puestos de alimentación, venta de ropa, peluquerías e incluso el alquiler y compraventa de las propias construcciones improvisadas forman parte ya del paisaje de esta zona del litoral ceutí.

Uno de los negocios que más se repite es la reventa de alimentos adquiridos previamente en supermercados de la ciudad. Los propios vendedores explican que compran productos para después ofrecerlos en el asentamiento con un margen de beneficio. Uno de ellos muestra un recibo de 22 euros correspondiente a tres barras de pan, café, yogures, zumos y otros artículos que posteriormente coloca a la venta.

Pero la actividad comercial va mucho más allá de la comida. Entre las construcciones levantadas junto a la playa funcionan peluquerías improvisadas que ofrecen cortes por cuatro o cinco euros, además de pequeños puestos similares a estancos y espacios donde se comercializan otros productos básicos. Incluso se venden grandes bolsas de plástico por alrededor de 1,50 euros para protegerse de la lluvia y del frío durante la noche.

El terreno ocupado también se ha convertido en objeto de transacciones. Algunos de quienes abandonan sus chabolas, por ejemplo tras conseguir alojamiento en otros recursos, las ofrecen a otros inmigrantes por cantidades que rondan los 30 o 40 euros. Los precios varían dependiendo del estado y las características de cada construcción e incluso pueden rebajarse cuando no aparece ningún interesado.

«Depende de cada uno, unos a 30 y otros a 40 euros», explica uno de los residentes sobre este mercado de estructuras improvisadas. De esta forma, las parcelas y refugios levantados inicialmente para pasar la noche han terminado adquiriendo un valor dentro de la propia economía informal desarrollada en el asentamiento.

La transformación del Trampolín ha provocado además malestar entre algunos vecinos de Ceuta, que aseguran haber dejado de utilizar una playa a la que acudían habitualmente durante los meses de verano. «Eso no es playa, ya no se puede entrar. Es un sinvivir», lamenta uno de ellos.

Así, buena parte del kilómetro de costa ocupado ha terminado funcionando como un asentamiento con sus propios comercios y servicios, donde se compra y vende comida, se ofrecen cortes de pelo y hasta se alquilan o traspasan las chabolas. Una situación que permanece casi dos meses después de la entrada masiva que desencadenó la actual invasión migratoria en Ceuta.

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