
La vuelta al colegio en Ceuta está lejos de la normalidad. La entrada masiva de inmigrantes marroquíes del pasado 30 de julio continúa condicionando la vida cotidiana de la ciudad autónoma y ha obligado a reforzar la seguridad en torno a los centros educativos mientras numerosas familias mantienen el temor a que sus hijos recorran solos las calles.
Más de 16.000 alumnos estaban llamados a regresar a las aulas el pasado martes, 8 de septiembre. Sin embargo, según los datos ofrecidos por el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, la asistencia se ha situado alrededor del 70%, con importantes diferencias entre etapas educativas.
En Primaria acudió aproximadamente el 63% de los alumnos, mientras que en Secundaria la asistencia alcanzó el 83%. La situación resulta todavía más preocupante en algunos centros concretos. Helena Arias, profesora del IES Almina, calcula que allí sólo acudió aproximadamente la mitad de los estudiantes.
«Los niños están muy desubicados, muy callados, algo bastante inusual», explica en declaraciones a El Debate. La docente resume así la excepcionalidad que vive la ciudad: «En mis 20 años de docencia, no he visto algo así».
El comienzo del curso ha obligado al Ministerio de Educación a poner en marcha un dispositivo especial de seguridad después de semanas de preocupación por la presencia de inmigrantes en las inmediaciones e incluso en instalaciones educativas. Entre las medidas adoptadas se encuentra una mayor presencia de Policía Nacional, Guardia Civil y Fuerzas Armadas en las rutas de acceso a los colegios.
Además, desde comienzos de septiembre se ha incorporado vigilancia privada en el interior de todos los centros educativos. Las medidas fueron acordadas durante una reunión presidida la semana pasada por el secretario de Estado de Educación, Abelardo de la Rosa, ante el deterioro de la situación posterior a la entrada masiva.
Durante las semanas anteriores al comienzo del curso se habían registrado además episodios de inmigrantes entrando en recintos escolares durante la noche, una circunstancia que incrementó la preocupación de profesores y familias.
La excepcionalidad está afectando también al funcionamiento académico. Según explica Arias, las instrucciones trasladadas a los docentes pasan por adaptarse a la situación existente y priorizar que los alumnos permanezcan seguros dentro de los centros, además de proporcionarles apoyo psicosocial cuando sea necesario.
La profesora sostiene que el mensaje recibido permite incluso flexibilizar las programaciones y contenidos durante el periodo de crisis.
«Si durante este curso, mientras dure la situación, es necesario adaptar los contenidos y bajar el nivel, pues no pasa nada», relata. Arias interpreta esas instrucciones de manera contundente: «Si tú tienes que enseñar poco, no importa. Lo importante es que los niños no estén agobiados ni estén tristes».
La inseguridad percibida ha provocado también importantes cambios en la rutina de numerosas familias ceutíes. Un padre identificado por El Debate con el nombre ficticio de Sergio explica que su hija de 15 años iba y regresaba sola diariamente del colegio antes de la entrada masiva.
Ahora la situación ha cambiado por completo. «Hay que acompañarla y recogerla», asegura, hasta el punto de mencionar que la familia lleva consigo espray de defensa debido al temor existente.
La consejera de Educación de Ceuta, Pilar Orozco, confirma que el comienzo del curso se encuentra «muy lejos de poder hacerse con normalidad». «Las familias tienen mucho miedo», afirma. Orozco asegura que no se trata de una impresión personal, sino de una preocupación trasladada directamente por padres de alumnos, que incluso se han organizado mediante grupos y redes sociales.
La consejera recuerda que las consecuencias de la crisis fronteriza llevan semanas afectando especialmente a los menores. «Queremos que los niños puedan ir al colegio. Esta situación ya les ha quitado el verano», lamenta.
La preocupación se traduce ahora en modificaciones de hábitos básicos que hasta hace pocas semanas formaban parte de la normalidad de Ceuta. «Habrá niños que antes iban andando al colegio que ya no lo van a hacer», advierte Orozco, quien reconoce que estas circunstancias complican considerablemente la organización diaria de las familias.