«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Esta decisión no fue bien recibida en el entorno del Ejecutivo

Los organizadores del Mundial tuvieron que explicar a Pedro Sánchez que no podía estar en la entrega del trofeo y aun así bajó al campo

Pedro Sánchez en la final del Mundial. Redes sociales

Los organizadores del Mundial estuvieron hablando con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, al término de la final para explicarle cómo se desarrollaría el protocolo de la ceremonia posterior al encuentro. Durante esa conversación le comunicaron que no participaría ni en la imposición de medallas ni en la entrega del trofeo a la selección española.

La organización reservó esos actos a las autoridades con competencias protocolarias. El rey Felipe VI, como jefe del Estado, fue el encargado de entregar las medallas a los campeones, mientras que la Copa del Mundo fue entregada conjuntamente por el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y el presidente del país anfitrión, Donald Trump. Más allá de su presencia en el palco durante el partido y de su descenso al césped al finalizar el encuentro, Sánchez no tenía asignado ningún papel institucional en la ceremonia.

Según distintas informaciones, esta decisión no fue bien recibida en el entorno del Ejecutivo. Una vez concluidos los actos oficiales, el presidente del Gobierno emprendió viaje hacia Argelia para continuar con su agenda internacional centrada en la normalización de las relaciones bilaterales entre ambos países. Posteriormente regresó a Madrid, donde recibió en el Palacio de La Moncloa a los jugadores de la selección tras la conquista del campeonato.

Mientras se preparaba la ceremonia de entrega de trofeos en el MetLife Stadium, parte de la afición española presente en las gradas dirigió cánticos contra Pedro Sánchez. El presidente saludaba en esos momentos a los miembros de la Familia Real que habían asistido a la final cuando desde uno de los fondos del estadio comenzó a escucharse de forma repetida el grito de «Pedro Sánchez, hijo de puta».

Las protestas no quedaron limitadas al escenario de la final en Nueva York. Horas después, durante la multitudinaria celebración organizada en la Plaza de Cibeles para recibir a los nuevos campeones del mundo, también se escuchó el mismo cántico entre parte de los asistentes mientras esperaban la llegada del autobús de la selección española.

La victoria de España y la posterior celebración dejaron así imágenes tanto de la ceremonia oficial como de las reacciones de una parte de la afición, que aprovechó la repercusión del triunfo mundialista para expresar públicamente su rechazo al presidente del Gobierno en dos escenarios distintos: el estadio donde se disputó la final y el centro de Madrid durante los festejos por la conquista de la segunda estrella.

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